El amable subgerente bancario, el supuesto autor del crimen de la pareja de Guanarteme

|


LIBREDIARIO@DIGITAL  / GRAN CANARIA / con información de EL Mundo@


En los meses posteriores a la desaparición de Antonio Quesada y Ana María Artiles, su hija Loli seguía acudiendo a la misma sucursal del Banco Santander del barrio -Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria- de la que eran clientes sus padres. El subdirector de la entidad, Rogelio S. T., el hombre al que la familia confiaba sus finanzas, la recibía y atendía con la cordialidad y la aparente solvencia de siempre.


No detectó entonces la hija, por más que repasa una y otra vez aquellos encuentros, ninguna rareza en su comportamiento, ni un solo gesto de nerviosismo que delatara que podría ocultar un turbio secreto. «Actuaba muy normal, preguntaba incluso cómo iban las cosas, si sabíamos algo de ellos; una sangre fría impresionante, porque nosotros estamos convencidos actualmente de que fue él», explica Loli Quesada.


Lo que hoy en el entorno familiar manejan como una certeza fue, el pasado viernes 26 de enero, una revelación asombrosa, un mazazo que le provocó a Loli un dolor de cabeza del que aún no ha logrado desprenderse, por lo que se excusa tras 10 minutos de charla telefónica.


La pareja tenía 76 y 74 años cuando, el 6 de marzo de 2012, fue vista por última vez en una churrería que solía frecuentar y de la que salió con intención de visitar una tienda de audífonos a la que nunca llegó. Durante cinco años y cinco meses, la incansable búsqueda de la familia y los vecinos fue totalmente infructuosa y el caso parecía condenado al cajón de los que nunca se resuelven. Hasta que el 20 de agosto de 2017 una perrita podenco que estaba de caza desenterró un hueso humano en un barranco de la localidad de Agüimes, 40 kilómetros al sur de Las Palmas, y se lo llevó a su dueño. Éste excavó un poco más y dio con un cráneo. Los cadáveres llevaban las ropas que vestían Antonio y Ana María el día de su desaparición, las gafas, la prótesis de cadera de ella e incluso estaba la documentación. La autopsia confirmó las evidencias.


Era subdirector de una sucursal del banco Santander en Las Palmas


Para los Quesada Artiles el hallazgo supuso el alivio de poder darles sepultura, puesto que muy pronto descartaron encontrarlos con vida. Antonio, que era trasplantado renal, no podía haber sobrevivido más de 10 días sin su medicación y, de haberla solicitado, habría quedado registro de ello.


Junto a los cuerpos se halló también bastante dinero en efectivo y la cadena de oro que siempre llevaba Ana María, lo que hizo tambalear la teoría familiar de que el móvil sólo podía ser económico. «Teníamos claro que no se habían ido voluntariamente, que no era un asunto de tráfico de órganos ni algo sexual… Mis padres no eran ricos, pero el dinero mueve el mundo», cuenta Miriam Quesada, otra de las hijas del matrimonio.


Las hermanas celebraron el funeral y transmitieron a los medios de comunicación que no descansarían del todo hasta que no pusieran rostro al responsable. Para entonces hacía tiempo que habían perdido de vista a Rogelio S. T., quien había sido apartado de la entidad. Tal y como confirman a EL MUNDO desde el Banco Santander, el empleado fue despedido meses después de la desaparición de los ancianos por causas ajenas al caso que no especifican. Su revocación como apoderado mancomunado del Santander se publicó el 6 de marzo de 2013, justo en el aniversario de la desaparición y, según ha podido saber este periódico, se debió a irregularidades en la gestión de las cuentas de otros clientes que no tuvieron consecuencias legales.


La investigación se mantiene bajo secreto de sumario, pero las filtraciones de las que se ha hecho eco la prensa local canaria sostienen que el matrimonio habría puesto en manos de Rogelio 60.000 euros para que se los invirtiera y que éste se habría apropiado de la suma. El detenido ha reconocido que asesoraba a la pareja pero ha negado cualquier relación con sus muertes. El Juzgado de Instrucción número 7 de Las Palmas de Gran Canaria, que ayer prorrogó su detención por un día más, tiene previsto interrogarlo hoy de nuevo.


Rogelio S. T. tiene 52 años, está separado, es padre de dos hijos y reside en la localidad de Telde, a medio camino entre Las Palmas, donde desaparecieron Antonio y María, y Agüimes, donde fueron enterrados. No hay en su vida, al menos en apariencia, estridencias que puedan explicar la comisión de hechos tan graves como los que han provocado su detención. En la única fotografía que ha trascendido de él hasta ahora, publicada por Canarias en Hora, luce ese rostro afable que refiere Loli Quesada y también sus vecinos, que lo creen incapaz de matar un mosca.


«Tiene todas las papeletas de ser él, pero tenemos que tener mucha cautela, no precipitarnos y respetar el trabajo policial y judicial», dice Miriam Quesada. «Que se haga justicia para poder cerrar este episodio tan duro y tan triste. Nos queda eso».


El presunto autor del doble asesinato de los ancianos de Guanarteme ha quedado en libertad con cargos, tras haber prestado declaración ante el juez en el día de ayer. Se le acusa de haber cometido dos delitos de asesinato, por lo que deberá permanecer en territorio nacional tras la retirada de su pasaporte y presentarse ante el juzgado dos veces por semana. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.