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La imagen como verbo. Parte VI

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Hugo Fernández Robayna para LIBREDIARIO@DIGITAL / OPINIÓN / EDITORIAL


El poder propagandístico de lo visual es enorme, como ya vimos, tanto como para opacar el origen y fin de acciones que tienen repercusiones a nivel global, como en los ejemplos que hemos presentado, y más en épocas de conflicto, angustia y caos en los que nos volvemos más vehementes, más primitivos, más arquetipoadictos, como parece desprenderse de los textos de Erich Fromm. 



No olvidemos que el cine fue visto por los revolucionarios rusos como un arte no aburguesado, no contaminado, que para eso ya está el efecto kuleshov. Los popes de la ´marca España´ harían bien en apuntalar la colonización cultural –con el poderoso aliado del Español, verbo de más de 500 millones de almas- como bien hacen los estadounidenses –que nos superan ampliamente en amplio rango en propagación y variedad, a Europa en general y a España en particular. Los estadounidenses darían a buen seguro mucho más pábulo a nuestros artistas –como el señor Segrelles, por ejemplo, que enarbola la bandera de ´arte de autor´ al tener que autopublicarse dando así más relieve a su talento polimático- si tuvieran la suerte de ser sus compatriotas en lugar de exportar ciudadanos frustrados y sobradamente preparados. 


Echando un vistazo somero a su producción comiquera y manifestaciones asociadas, uno tiene la sensación de que Francia y Bélgica tienen vocación de asomarse al mundo –Astérix y Obélix, Tintín son ejemplos de tal vocación y de la manera desigual y muchas veces condescendiente de dirigirse a otras sociedades-, de explorar -¿les resuena algo de esto a ustedes sobre la reciente historia colonial?-… 


Los estadounidenses, como veíamos, tienen hambre de control y de generar criaturas mitológicas con superpoderes, quizá por envidia del marco histórico-cultural Mediterráneo –hablando de difusión, y de las barreras asociadas, Superman fue vetado en porque los franquistas consideraban que sus facultades únicamente eran dignas de Dios-. 


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Los japoneses, por otro lado, parecen estar más interesados por plasmar un estilo reconocible como género –y a cámara lenta, con más introspección-, sin individualismos anglosajones de autor –aunque aún con relaciones claras de pupilo-mentor-, tremendamente regular y más sintético que en EE.UU. o Europa y alejado en muchas ocasiones de la representación objetiva de sus propios ciudadanos a favor de una estética que ofrece no sólo un distanciamiento de la realidad en la representación antropomorfa como una imagen del humano idealizado por ellos –estilizados, ojos excesivamente grandes, colores imposibles en iris y pelo, cierta androginia, géneros no claramente marcados visualmente, como podemos constatar en series como Los Caballeros del Zodíaco/Saint Seiya-; del mismo modo que visual y temáticamente parecen dejar evidencia que el apocalipsis atómico sigue formando parte de su imaginario colectivo Godzilla, Evangelion, Akira-, así como sus afanes por conjugar un pasado perdido con una rabiosa modernidad, algo que puede perfectamente ir de la mano, en relación a dos momentos vinculados a la Historia de los EE.UU. 


Apuntando a la producción patria, nos puede fácilmente sugerir que en España tenemos una sana resistencia al establecimiento de iconos, a la sátira, pero también un rechazo a la seriedad/compromiso institucional y/social –lo cual en muchos casos ya no es tan beneficioso para el funcionamiento de un país-, como dejan patentes publicaciones como Superlópez, Mortadelo y Filemón, El Jueves, las firmadas por Miguel Brieva –personajes que nos hermanan con el Homero americano en mitología e iconografía postmodernista en la aceptación del ser humano corriente y moliente que no necesita o no puede ya ser un héroe-… 



Como toda comunicación, tales manifestaciones son un reflejo – ciertamente prismático, proteico, hiperdimensionado- no sólo de cómo nos ven sino de cómo nos aceptamos: los autores del aspecto gráfico y del textual –a veces una sola persona, como ocurre tantas veces en España, lo que confiere a estos casos mayor interés- forman parte de la cadena de memes –claro está, junto a su propia personalidad, voluntad y desarrollo personal, pero ortegasianamente también ´circunstanciados- de su propia experiencia cultural, y, como autores, proponen la visión comunal tamizados por su interés de trascender como tales, claro está, más artística o más comercialmente –que también forman parte de su marco de referencia ideológico, perceptivo, de su momento-. 


El tiempo dirá cuánto progresa su oferta memética, cuán influente es, que, en gran medida, vendrá determinado, como en las conexiones sinápticas, del grado de conectividad con su público, que también es autor y eslabón, por reproductor y creador de realidades, de formas muy variadas según sus propias percepciones, expectativas y decisiones. 



Continuará...




Hugo Fernández Robayna


hugo.fernandez.robayna@hotmail.es, tfno. 606 618 603

Hugo Fernández Robayna

Antropólogo Social y Cultural, Psicólogo Clínico y Educativo, Docente y estudiante de Geografía e Historia,

LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/hugo-fern%C3%A1ndez-robayna-82152b51/


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