La estelada, el marxismo 2.0 y la orquesta del Titanic

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LIBREDIARIO@DIGITAL / OPINIÓN


La Autoridad Certificadora del Pensamiento de Izquierdas se vio obligada a homologar el benemérito matrimonio de conveniencia con los nacionalismos, cuando descubrió que agitar algunas banderas da más votos y sensación de poder que las de siempre. Marx había sentenciado que "El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado", algo que está meridianamente claro hasta para los que no son marxistas, pero los nuevos Engels decidieron que Marx tenía que estar equivocado con respecto al nacionalismo.


Así pues, la Autoridad Certificadora del Pensamiento de Izquierdas recurrió a la ouija y de forma asamblearia, como no podía ser de otro modo, decidió que Marx no pudo analizar los benéficos nacionalismos que azotaron al mundo con posterioridad a su muerte. De esta forma apareció el Marxismo 2.0, que ahora puede agitar banderas nacionalistas sin renunciar a la lucha de clases, aunque forzosamente tenga que ser una lucha de clases -y solidaridad- limitada a un territorio exclusivo y a la vez excluyente, porque los que están convencidos de que descienden de un mono distinto que el resto de la humanidad también tienen derecho a ser evangelizados. Por supuesto que habría que hilar fino para detectar las tenues fronteras que separan los nacionalismos buenos de los malos, porque un poco más de nacionalismo del estrictamente necesario puede derivar en fascismo y xenofobia. También había que tener mucho cuidado al confundir patriotismo con nacionalismo y nacionalismo con clientelismo, lo que añadió una carga de trabajo extra para la Autoridad Certificadora del Pensamiento de Izquierda.


España es diferente.


El Eurocomunismo ya había dejado patente que la democracia estaba en sus genes y que podía encajar perfectamente en una monarquía parlamentaria, como ya había hecho el Socialismo: Se podría tener un ADN republicano pero al mismo tiempo mantener un compromiso con la monarquía, con la misma naturalidad que se puede ser vegetariano y tener un compromiso con el carnicero. Luego cayó el Muro de Berlín y el paraíso comunista cada vez se fue desdibujando, hasta el punto de que vemos con normalidad comunismos-capitalistas como China.


Algunos de los que teníamos un pensamiento de izquierda más allá del P$OE aprendimos a sobrevivir pensando que la lucha de clases seguía existiendo y que la forma legal para la redistribución de la riqueza pasaba por los salarios y los impuestos. Nos conformamos con la Constitución que nos dio el Régimen del 78 y nos pusimos a luchar con esas armas. Algunos nos sentíamos orgullosos de pagar impuestos asumiendo que el resto de los trabajadores y las empresas contribuían con los suyos al estado de bienestar. Vimos el bipartidismo P$OE-PP con la misma naturalidad con la que los nacionalismos arrancaban su parte del pastel a cambio de su apoyo parlamentario cuando era necesario. Llegamos a asumir que el desarrollo asimétrico de la España franquista se estaba consolidando con la Constitución de 1978. Todo había quedado “atado y bien atado”, pero ya llegaría el momento en que podríamos deshacer los nudos.


Y entonces, Europa.


Y entramos en la Europa de los mercaderes, una Europa por la que podías viajar sin pasaportey sin que apenas te pidieran el DNI en las fronteras de antaño, porque el único documento que realmente necesitabas para que Europa se abriera de piernas era una tarjeta de crédito. Y Europa se quedó a medias porque no fuimos capaces de terminarla con una Constitución.


La época de vacas gordas que propició el ladrillo duró poco y pasamos de nuestra euforia a caerde lleno en esa estafa que se llamó crisis financiera. Era una crisis del sistema capitalista, pero recurrieron a los eufemismos habituales para que no viésemos la cara de lobo del capitalismo.Entonces la alquimia de la decepción nos llevó desde la “desaceleración del crecimiento” del P$OE a la “línea de crédito en condiciones muy ventajosas” del PP. En realidad lo que hicieron fue pedir un préstamo a los mercaderes usureros de Europa con España y los inquilinos españoles como garantía hipotecaria, para inyectar la liquidez perdida a los bancos que nos estafaron con su avaricia, un préstamo que nunca nos iba a ser devuelto en su totalidad. Y así fue como supimos que el PP confundía al IBEX35 con España y que eso que entonces llamábamos “izquierda” no supo captar los votos de los pobres de derechas, que les dieron la mayoría absoluta al PP.


Adiós estado del bienestar. Hola, confusión.


Y con el Neoliberalismo se empezó a joder nuestro estado del bienestar y hasta el PP se “pulió” el fondo de pensiones del Pacto de Toledo. Se nos vino abajo el castillo de naipes cuando comprendimos que en este cuento, la realidad era que los beneficios se privatizaban y las pérdidas se socializaban. Empezamos a ver cómo además del PP, el P$OE y Ciudadanos también confundían sistemática y convenientemente a España con el IBEX35, pero no nos echamos a la calle.


Ya puestos a confundir, la izquierda confundía al PP y al resto de partidos de derechas con España. Y a fuerza de odiar a la derecha la izquierda parecía odiar a los españoles, como si los pobres de derechas que votaban al P$OE, PP y C’s no fueran españoles, como si los muertos del bando republicano no hubieran luchado por España, aunque para ellos era la España constitucional.


La izquierda nacional, en la que ahora estaban PODEMOS, IU y sus “confluencias” y “mareas”, se negaba a pronunciar las palabras “España” y “Patria”. Algunos de los que teníamos un pensamiento de izquierdas -aunque sin certificar- pudimos ver que la izquierda admitía la palabra “patria” como animal de compañía siempre que a continuación viniese la palabra “cubana” o “bolivariana”, o estuviera en la letra de una canción de Silvio Rodríguez. Fue extraño ver como renunciaron a arrebatar al PP la patria que a su vez nos arrebataron los golpistas del 36, al tiempo que también siguieron confundiendo a España con los símbolos de la patria que impuso el franquismo, viendo con normalidad que se quemasen banderas españolas o se pitara al Rey en actos públicos. “Al fin y al cabo son símbolos franquistas”, debieron pensar.


Algunos de los que teníamos un pensamiento de izquierdas aunque sin pedigree, queríamos que la bandera tuviese la franja de abajo morada y que España fuera una república, pero no odiábamos los símbolos que parecían heredados del franquismo, porque sabíamos que hacer eso era lo mismo que odiar a España. En realidad la Autoridad Certificadora del Pensamiento de Izquierdas había abolido la palabra "España" como parte de su odio al PP y a sus políticas neoliberales, reemplazándola por términos como “país”, “territorios”, "estado"… y así fue como dejaron que la “Patria” fuera patrimonio del PP, Ciudadanos y P$OE.


Y estalló el “problema catalán”.


La estafa llamada “crisis”, los recortes sociales para financiar el pago de los intereses del rescate a la banca, junto con la mayoría absoluta del PP, dispararon el "problema catalán”, plagado de misteriosos “hechos diferenciales” que nadie se atrevía a enumerar en una guerra dialéctica llena de eufemismos y metáforas. En realidad La Generalitat empezó a invertir en el marketing del "problema catalán" desde que el PP recurrió ante el TC su Estatuto de Autonomía, hasta el momento en que desembocó en el procès, pero ningún partido lo quiso ver: estaban muy ocupados pensando en clave de votos mientras el puzzle electoral obligaba a repetir las elecciones. Incluso el P$OE tuvo en su mano pasar al PP a la oposición, pero prefirió que siguiera gobernando porque el libro de recetas económicas de los socialistas era exactamente el mismo que el de la derecha. Al fin y al cabo, si se trataba de ponerle el culo a Angela Merkel y al BCE mejor que pareciese que el culo lo ponían los genoveses, todo fuera por el rédito electoral a medio plazo.


Pero también la izquierda enfocó el “problema catalán” desde la perspectiva de los votos, tal vez porque estaba cogida de los huevos por la CUP no dudaron en ponerse de parte de los secesionistas. Incluso dio sus bendiciones a que Esquerra Republicana y la CUP se aliaran con la burguesía corrupta de CiU y sus secuela llamada PDdCAT, el Marxismo 2.0 lo necesitaba.


Y en el problema catalán” la izquierda desplazó de su ideario la lucha de clases, lucha que empezaba a perder por goleada gracias a los recortes con que financiamos los intereses del rescate del capitalismo. Daba igual que el lumpen empezara a extenderse por España, que las pensiones estuvieran a punto de ser una anécdota en manos de la prima de riesgo. Daba igual:la izquierda que no suplo obligar al P$OE dejó que el PP siguiera gobernando y perdieron la oportunidad de hacer lo mismo que se hizo en Portugal. Podemos, IU y sus “confluencias” y “mareas apoyaron abiertamente a los secesionistas que querían el PIB de Catalunya para ellos solos, y cuando no lo hicieron apenas utilizaron un lenguaje ambiguo para intentar contentar a todos. Incluso recurrieron al derecho de autodeterminación de una Catalunya presuntamente ocupada por el ejército español, como si se tratara del mismo caso que el pueblo saharaui.


Y no es que algunos de los que tenemos un pensamiento de izquierdas -aunque sin homologar por la autoridad certificadora- estemos pensando solamente en nuestras pensiones: sabemos que las pensiones de una Cataluña independiente las tendremos que seguir pagando nosotros, porque los catalanes -independentistas o no- cotizaron en España y España se las tendrá que pagar. Sabíamos que todos perdíamos con el secesionismo catalán, pero no se podía decir porque ese argumento sonaba “facha” e impropio de la nueva izquierda. El capital es más pragmático y no tiene patrias ni banderas: las empresas empezaron a deslocalizan sus domicilios fiscales fuera de Cataluña para evitar el “corralito” que se avecinaba con el “procès”. Mientras, la Autoridad Certificadora del Pensamiento de Izquierdas ahora agita las esteladas que se empiezan a prodigar como coreografía a las catalanas. Ellos saben que los nacionalismos son una bestia low-cost que se apenas se alimenta de demagogia y chauvinismo hasta que se vuelve incontrolable. "No pintéis el nacionalismo de rojo", dijo Lenin en 1920 a los bolcheviques que promovían la emancipación de los pueblos a cargo del "nacionalismo progresista y revolucionario", pero eso ya está superado. En España, un país en el que quedan demasiados pobres de derechas, la lucha de clases global se prostituye a los votos que podrían caer delos “nacionalismos de izquierda”, como si no fuera una contradicción.


La derecha neoliberal nos sigue robando las conquistas pagadas con lágrimas de sangre dela clase trabajadora, el frágil estado del bienestar que logramos poner en marcha se hunde. Mientras, la Autoridad Certificadora del Pensamiento de Izquierdas, agita las banderas nacionalistas como si alguien les hubiera convencido de que ellos tienen que ser la puta orquesta del Titanic. Es el Marxismo 2.0 que llegó para el bien de los nacionalismos.



Álvaro Felipe

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