José Alberto Díaz Domínguez, alcalde pedáneo de Clavijo y Ana Oramas, no tiene ni fuerza ni pericia para gobernar La Laguna

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EDDC.NET / Santa Cruz de Tenerife


José Alberto Díaz, alcalde, ¿seguro?, de La Laguna por CC, siempre lleva esa cara de eterno auxiliar administrativo, siempre trabajando de segundón o tercerón, dado el caso, en el que todos confían para cargarlo de trabajo, para que limpie todo el despacho, pero al que jamás se le va a permitir construir el suyo, conseguir algo que lleve su marca de principio a fin.


Como le han impuesto a sangre y fuego este carácter de subalterno cariñoso, cuando Fernando Clavijo, que lo miraba siempre con esa ternura con la que uno mira al perro fiel, decidió elevarlo a los altares, tras la caída alcohólica de quien tenía la calle, Blanca Pérez y ponerlo al frente del proyecto, ¿de verdad lo había?, nacionalista en La Laguna, éste sabía que no se iba a preocupar demasiado, que nada lo iba a inquietar, su finca estaría asegurada: tenía el cartel: “cuidado perro poco peligroso”.


El terrible legado de Fernando Clavijo que gobernó como quiso La Laguna, ayudado por un complaciente Javier Abreu, que ha olvidado completamente como ayudó al joven alcalde a consolidarse, será mantenido, protegido, custodiado y mimado por José Alberto, cuya capacidad de sacrificio es admirable y que es capaz, no sabemos si por sí mismo o porque le llaman la atención, cuando se sale del guión, de dejar a un lado su pensamiento, sus obras, sus acciones propias, para convertirse en un alcalde de opereta, donde todos los papeles no son suyos y que lleva esta legislatura, siendo un remedo de otros, un alcalde prestado, sin ideas, sin nada que lo distinga, eso sí, con cara de buena gente, pero con pinta de timorato, de miedoso, de no saber poner las cosas en su sitio, de tener lo que hay que tener.


Pena de Ayuntamiento y de municipio. No hace falta lanzarnos como lobos al juzgado para que José Alberto sea derrotado. Ya lo está desde el principio. Cogió un legado de cenizas, cuando Clavijo quemó todo el bosque y le dejó con siete concejales y necesitado del PSC-PSOE y ahora de la pasividad negociada del PP. No, de verdad que no.


Ahí se equivocan Rubens Ascanio y Santiago Pérez. Tienen que ir más allá de la anécdota y atreverse con la superestructura, como diría un marxista educado, que si viviera en el Ayuntamiento de La Laguna, vería con espanto que sus funcionarios son los que han conseguido implantar la dictadura del proletariado.


José Alberto no gobierna, gestiona, a veces bien y casi siempre mal. No hace política, sino fontanería. Carece de discurso o de algo parecido. Cuando habla, a veces, no se sabe si es el alcalde lagunero o un funcionario de la China comunista, da igual, está como perdido.


Los partidos en la oposición están empeñados en censurarlo o en llevarlo al juzgado para que lo cruja la Fiscalía, como el caso de Zerolo. Pero es inútil y además pierden el tiempo. A José Alberto quien le hace daño realmente es el funcionario que no tramita, el que lo putea, el que está de baja o el que está compinchado con el ‘Trota’. Esos son los que van a acabar con él, porque al fin y al cabo son los que lo visten delante de los ciudadanos.


Y por último, también es cosa de la mala suerte. José Alberto llegó a primera fila, cuando ya la mortadela no sirve para nada, ni siquiera los viejos la toleran. Y mira que Castañeda lleva meses diciéndoselo. Pero ni con esas. Y es que a tozudo no hay quien le gane.

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