La razón por la que pagas tanto dinero en el recibo de la luz

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Cada invierno, cuando el precio de la energía eléctrica se dispara, este asunto se convierte en noticia. Sin embargo, las quejas y lamentos llegan más de diez años tarde.


Una de las noticias más destacadas de la semana pasada fue el fuerte incremento en el precio de la energía eléctrica de nuestro país, que batió su record anterior establecido en el invierno de 2014.


Durante los últimos días hemos visto toda clase de excusas: que llueve poco, que hay poco viento o que el gas natural es muy caro, por citar a algunas. Sin embargo, la cuestión es mucho más profunda y menos dependiente del tiempo que haga. Es algo que llevamos arrastrando desde hace más de 10 años…


¿Por qué es tan caro generar energía en nuestro país?


Para responder a esta pregunta tenemos que retrotraernos a los años del progresismo y la energía verde. El país del Plan E, del cheque bebé y del déficit público del 11 por ciento.


Con la economía navegando viento en popa gracias a la burbuja inmobiliaria, Zapatero se propuso cambiar el mix de generación de energía eléctrica de nuestro país con el objetivo de que la mayor parte de la energía producida en nuestro país procediera de fuentes renovables.


La energía nuclear y otras fuentes de energía no renovables se consideraban como fuentes de energía no deseables. Lo que gustaba más, y a lo que el electorado respondía más favorablemente, era a los parques eólicos, huertos solares, etc.


Pero había un problema. Con el precio al que se vende la energía en nuestro país no llega ni para cubrir una fracción de lo que cuesta producir la energía procedente de fuentes renovables, sobre todo en el caso de la energía solar.


Como en todo gobierno socialdemócrata que se precie, la solución a casi todos los problemas son las subvenciones. Cientos de millones de euros fueron a parar a la construcción de parques eólicos y huertos solares. Todo por cuenta del contribuyente, por supuesto.


El resultado fue un entorno tan artificialmente favorable que las compañías energéticas se lanzaron a invertir en energías renovables alegremente, sin valorar que sin las subvenciones públicas la mayoría de estas fuentes de energía no son rentables o financieramente sostenibles.


Cambio de reglas


Mientras el país nadaba en la abundancia, a nadie parecía importarle que recurriera a fuentes de energía más caras y limpias subvencionadas por el Estado. Sin embargo, con el estallido de la crisis, al gobierno socialista cada vez le resultó más difícil ser el soporte de un mercado energético ineficiente y adulterado.


Las cosas definitivamente se torcieron cuando en noviembre de 2011 un nuevo inquilino llegó a la Moncloa y se encontró unas cuentas públicas fuera de control que nos abocaban a un rescate, como les sucedió a Grecia, Irlanda y Portugal. Hubo que recortar el gasto público, y uno de los sacrificados para que España no quebrara fue el sector de las energías renovables.


Además de recortar sustancialmente las subvenciones a estas fuentes de energía –que aún hoy siguen siendo excesivas-, el gobierno trasladó a los consumidores el coste extra que supone generar energía limpia y el déficit tarifario acumulado durante años, cuando los españoles pagaban menos de lo que costaba producir la energía que consumían.


Que los españoles pagáramos menos por la energía de lo que cuesta producirla precisamente cuando mejor iba la economía, y que ahora tengamos que pagar el déficit cuando más difícil lo tienen los hogares españoles para llegar a fin de mes, parece una broma de mal gusto, pero es una de las muchas decisiones políticas que han llevado a España a su situación actual.


Si se fija en el siguiente gráfico con la distribución del precio de la energía eléctrica que pagan los consumidores, las subvenciones a las energías renovables y los impuestos aglutinan casi la mitad del coste que pagan tanto particulares como empresas por la energía eléctrica.


Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo


Del precio total, solo un 30,5 por ciento de lo que pagamos corresponde al coste de generar energía y de distribuirla. El 69,5 por ciento restante se reparte en las distintas cargas impositivas, subvenciones y otros conceptos como el déficit de tarifa, la moratoria nuclear, etc.


Que España sea el cuarto país de la Unión Europea donde más cara es la energía eléctrica no es casualidad. Se debe a una acumulación de errores durante dos décadas que estamos pagando ahora. Pero ya es demasiado tarde para lamentarse…



Alberto Redondo

Editor

Inversor Global España


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