Bill Bonner sobre Trump

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¿Podrá Donald Trump imponerse al "Estado Profundo"?


Finalmente ha terminado.

Vimos las noticias temprano. Ambos estábamos contentos y en shock. Una sonrisa apareció en nuestras caras… y nuestros pasos se hicieron más livianos… mientras vemos cuatro años sin la cara de sabelotodo de Hillary Clinton en las noticias.

Pero nuestros hombros también se encorvaron mientras escuchábamos el anuncio de la victoria de Donald Trump.

Depravación y degeneración


Como predijimos, los estadounidenses han obtenido el presidente que se merecen. Trump dice que "ningún sueño es demasiado grande". Tampoco lo es ninguna pesadilla.

Los futuros del Dow cayeron 800 puntos mientras se esparcían las noticias y los inversores pensaban que había llegado el fin del mundo.

Pero aquí estamos serenos. Nos burlamos de ambos candidatos… y nos reímos del rito sagrado de la democracia, la misma elección.

¿Por qué?

…sin importar quién gane, los de dentro son los que toman las decisiones importantes.

…pero ahora los votantes son cómplices en cada acto tonto, fraudulento y criminal del gobierno; son responsables de las cosas que no pueden entender o controlar.

…y la elección provee un manto de respetabilidad bajo el cual el Estado Profundo puede salirse con la suya.

La democracia corrompe tanto a los votantes como a los votados. Estudios demuestran que los votantes son incapaces de separar sus votos de sus propios intereses. No votan con sus conciencias, votan con sus carteras.

Los jubilados votan por más Seguridad Social y cuidados médicos. Los ricos votan por menos impuestos. Los pobres votan por más beneficios sociales. Y los insiders manipulan tanto a los candidatos como a los votantes para conseguir lo que quieren.

Recuerda uno de nuestros lemas principales: "Las personas no son siempre buenas o malas, pero siempre están sujetas a las influencias".

La influencia ejercida por la política es como una gigante luna negra.

Incluso en gente buena y normal, la gravedad de la locura trae depravación y degeneración. Pocos votantes pueden resistirlo. Y casi ningún político.

Si no son cobardes antes de asumir el cargo, una vez que los nuevos electos entren, es solo cuestión de tiempo antes de que se resbalen y se unan a los cerdos.

Eso es lo que le pasó a Ronald Reagan después de ser elegido en 1980.

Más derroche

Entonces, gestionábamos la Unión Nacional de Contribuyentes, peleando una batalla perdida contra el despilfarro de Washington. Entonces, con el primer baile inaugural de Reagan, nos instaron a hacer las maletas.

"Mejor váyanse a casa, amigos", nos dijeron. "Reagan limpiará esta ciudad".

Pero Reagan se olvidó del cepillo. El ritmo de las nuevas regulaciones se ralentizó por un tiempo. Los impuestos fueron recortados. Pero el comedor estaba lleno y los cerdos comieron más que nunca.

Reagan solo estuvo en la oficina durante unos pocos meses cuando empezó a sentir el lodo y la suciedad sobre él. Él y los miembros clave de su equipo – que estaban firme y honestamente comprometidos a recortar el alcance del Gran Gobierno – descubrieron que casi nadie estaba en su equipo. Ni los republicanos ni los demócratas. Liberales o conservadores. Rojos o azules.

Dentro del círculo de la política, prácticamente nadie quería recortar el derroche público. Todo lo contrario. Querían más de eso.

Cada centavo gastado iba hacia el bolsillo de algún amigo bien relacionado. Mientras más derrochador el gasto, más lo protegía la nomenclatura porque más de él iba dirigido a los domicilios en Washington.

El gasto despilfarrado aumentó durante los dos términos de Reagan. Y entonces, una vez que estaba fuera del camino, la máquina regulatoria volvió a trabajar.

Descubrimos recientemente, por ejemplo, que el Departamento de Justicia tiene una "política de plumas".

Durante muchos, muchos años, la nación funcionaba sin ella. Pero en 2012, los abogados, activistas, buenos samaritanos y hackers se juntaron para decidir a quién dejarían poseer plumas de águila y a quién no. Qué nivel.

Cómicas perversidades

¿Hará Trump lo que no pudo hacer Reagan?

Cada sociedad necesita sus héroes, sus mitos y su palabrería. Lo más importantes es que debe decidir quién matará y robará sin consecuencias.

De eso se trata la política.

Y el sistema estadounidense… con todas sus perversidades… no es el peor del mundo.


Bill Bonner 


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