La guerra de tribus de Podemos

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Podemos Canarias se dirige a un callejón jurídico, una muestra demasiado evidente del antogonismo interno entre los representantes de la organización en el Cabildo de Gran Canaria y los miembros de relevancia de la cúpula regional. Primarias contaminadas por las sospechas y acusasiones públicas colman un relato gótico del proyecto político en la Isla.


La última guerra interna, en la que Javier Doreste, teniente alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, acusa a Juan Manuel Brito, vicepresidente y consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, de bordear la corrupción en la contratación de personal de confianza lleva al límite las diferencias dentro del partido, en el que los cuatro consejeros en la corporación insular han sido una especie de aldea gala. Un mundo aparte.

Este sonoro episodio es simplemente eso, escandaloso en las formas. Pero es solo una evidencia más en dos años de diferencias indisimulables, en una guerra de guerrillas, en la que las ramas de Podemos lideradas por Meri Pita y Juan Manuel Brito se han enfrentado constantemente. 

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