En la sociedad de la información predomina la desinformación

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En las encuestas, en las tertulias políticas, en las asociaciones de periodistas… Son muchos los ámbitos en que se habla, día sí y día no, de la crisis en la credibilidad de la prensa. Han pasado bastantes años desde que la prensa dejó de aparecer en los primeros lugares de las preferencias de los españoles como una de las actividades, instituciones, etcétera en que más creían y confiaban. Quizás la novedad en los últimos tiempos es que ahora son los propios periodistas los que empiezan a asumir que también ellos son culpables de esta crisis de credibilidad.


Junto a la crisis económica, a la corrupción política o a la explosión de las nuevas tecnologías, los propios periodistas reconocen que ellos son una de las causas que han provocado el desprestigio de los medios españoles de comunicación. En una de las últimas reuniones profesionales en que se ha abordado el problema, algunos prestigiosos periodistas no han dudado en reconocer que “nosotros somos culpables de la pérdida de credibilidad de los medios, somos los principales culpables de esta crisis”.


Esos mismos profesionales añaden que, en buena parte, es responsabilidad de los periodistas el descenso en la calidad de las informaciones que se ofrecen, en muchos casos porque cada vez se impone más la urgencia en dar la noticia, como si éste fuera un pilar imprescindible en la información, cuando, en muchos casos, es realmente un mal de esa información.


En varias reuniones de profesionales se ha reconocido que la prensa ha dejado de desempeñar el importante papel que tuvo hace cuatro décadas, en la Transición, cuando se constituyó en un auténtico motor del cambio social. Pero en los últimos tiempos, y después de grandes cambios, la prensa ha dejado de poder enorgullecerse (de “engramear la testa”, como se decía en algunos pueblos de Castilla) de ser un modelo profesional. Una de las causas de la pérdida de credibilidad es que muchos de los actuales editores no son auténticos empresarios de prensa, sino únicamente hombres de negocios.


Como decía uno de los periodistas en una de las mencionadas reuniones, cuando con el periódico se vende un cuchillo de cocina, fenómeno comercial que se crea solamente para tener más ventas, se hace daño a la imagen de la prensa como generadora de opinión. También hay que apuntar en el “debe” a que la mayoría de los políticos no han comprendido, y no comprende, el valor que en un régimen democrático tiene una prensa independiente, responsable y, en consecuencia, creíble.


La multiplicidad de soportes para la difusión de las noticias y de lo que no son noticias (teléfonos inteligentes, tabletas, redes sociales, etc.) ha ido en muchos casos en detrimento del análisis de la información, de su interpretación, y por eso, como decía un profesional, en esta que denominamos “sociedad de la información” predomina la desinformación.


Es de esperar y desear que los jóvenes periodistas contribuyan a recuperar la credibilidad de la prensa, y que esta falta de prestigio haya sido solamente una posa, un alto en el camino, en la labor que ha de desarrollar el buen periodismo para que los ciudadanos, bien informados, sean eso, ciudadanos, y no súbditos.


por Homero Valencia

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