Maialen Chourraut, campeona olímpica en K1

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Maialen acababa de hacer historia: primer oro olímpico para el piragüismo aguas bravas español, pero también la primera vez que lo conseguía una española tras ser madre. Ane, su mejor medalla, tiene sólo tres años y esperaba a su madre junto al canal para abrazarla. Había estado en la grada animándola con sus abuelos y con Raquel, su cuidadora desde que tiene tres meses y que viaja con toda la familia a cada concentración y competición porque Maialen no se quiere perder ni un segundo de la vida de su hija. Tenerla cerca le da tranquilidad.


Ane, la mejor medalla de Maialen


Ane no paraba de sonreír contagiada por todo el equipo español pero es demasiado pequeña para ser consciente de la gesta que acababa de lograr su madre en el Whitewater Stadium de Deodoro en Río de Janeiro. "Se entera de todo, ya sabe que su madre es campeona olímpica pero lo que no sabe es la trascendencia que tiene", decía Xabier Etxaniz, olímpico en Barcelona y Atlanta, su entrenador desde infantil y director técnico de eslalon de la Federación, además de padre de Ane, a la que sujetaba en brazos. "Los hijos son lo mejor pero el oro olímpico también sienta muy bien", añadía riendo después de haberse tirado al agua junto al entrenador de Ander Elosegi para abrazar a Maialen.





Antes, sobre la piragua, Maialen había hecho la bajada casi perfecta, aunque ella no se encontró cómoda. No la disfrutó, no sentía, parecía un robot. Eso dijo ella, pero viéndola en el agua, con la rapidez con la que bajó, con la limpieza y fluidez que lo hizo, cualquiera diría que había cometido algún mínimo error.


"Cuando ha llegado a la meta y he mirado el tiempo y ya sabía que era oro. No ha hecho la mejor bajada de su vida. Antes de que bajase he hablado con Ander Elosegi y he dicho que para ganar tenía que hacer 98 y al final lo ha hecho", decía su marido, que en cuanto vio que se confirmaba que era campeona olímpica, se lanzó al agua junto al entrenador de Ander para abrazar a su mujer. Pero para que fuese perfecto faltaba la pequeña Ane, a la que Maialen buscaba con la mirada y en cuanto la vio, salió del agua.


Un ejemplo para todas las madres trabajadoras


La medalla de Maialen va mucho más allá, no es sólo un oro olímpico. Es un ejemplo de que la maternidad no tiene por qué ser un punto final en la carrera de las deportistas sino que puede ser un punto y seguido, como ha hecho ella, que estuvo remando hasta dos días antes de dar a luz. Después quiso volver y demostrar que se puede conciliar, aunque sea un ejercicio continuo de malabarismos.


"Hicimos una apuesta por la maternidad y la hemos ganado", decía una Maialen exultante. "Espero que esta medalla sirva para que haya más ayudas al piragüismo y que sea un aliciente más para los que aman este deporte, pero también para las mujeres de este país vean que se puede ser deportista de alto nivel y ser madre. Ojalá esta medalla ayude a la sociedad", reconocía su marido.




La de Maialen es la tercera medalla española en los Juegos y la tercera con nombre femenino, tras el oro y el bronce de Mireai Belmonte.

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