Siete fondos buitre ponen 500 millones y se quedan con el 50% de Abengoa

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Han tardado más de lo previsto, pero finalmente –no les queda otra para evitar lo que nadie quiere, ir a concurso– Abengoa, sus bancos acreedores y los bonistas –ahora, con los fondos buitre al frente– han alcanzado un acuerdo definitivo de reestructuración sobre la deuda de la multinacional sevillana.


Unos lo visten como el nuevo plan de viabilidad revisado para el futuro de la compañía y otros, sencillamente, lo ven únicamente como el paso necesario para llevar a cabo la liquidación controlada de grupo ahora presidido por Antonio Fornieles, evitando que sea el juez el que, en última instancia –a criterio de los administradores concursales–, decida sobre la venta de activos.


Plan de viabilidad revisado


Tras el papel mojado en que quedó el inicial plan de viabilidad elaborado por la Álvarez&Marsal, el nuevo documento –exigido por los bonistas a la vista de las desinversiones producidas y, sobre todo, de las excesivas valoraciones dadas por la referida consultora a la mayoría de los activos– recoge varios ajustes, tanto del nuevo reparto del capital como de la actualización de fechas para reactivar operaciones que, en muchos casos, llevan más de medio año paralizadas.

Como en todo proceso de reestructuración financiera, el reparto del capital futuro se convierte en el eje principal de la negociación. En el caso de Abengoa, también. No cabía otra, ya que el pactado en marzo no servía.


Cambio de reparto del capital


Se hablaba entonces de más dinero a aportar y eran otros los actores. Se contemplaba que el 55% del capital de Abengoa quedaría en manos de los que pusieran 1.500 millones de euros, mientras que los bancos y bonistas, a cambio de capitalizar deuda, acumularían el 35% restante. Los que aportaran hasta 600 millones en avales se quedarían con el 5%, y el resto de accionistas, incluida la familia Benjumea, con otro 5%.


Ahora, las cosas han cambiado de manera radical. Los siete fondos Abrams, Baupost, Canyon, D.E. Shaw, Elliott, Oaktree y Värde –los que pondrán un total de 500 millones entre la inyección de capital final y comisiones adicionales– consiguen quedarse con el 50% del capital de la futura Abengoa.


O sea, que aportan tres veces menos del capital inicialmente previsto, pero solo reducen un 5% el capital controlado. Con este reparto, estos fondos se quedarán con la mitad de lo que la multinacional ingrese por la venta de cada activo. Un negocio redondo.


Bancos y antiguos bonistas


A partir de aquí, los bancos acreedores y los antiguos bonistas, a cambio de capitalizar deuda, mantendrán el 40%, o algo más, en función de si finalmente ponen el dinero para los avales necesarios, con el que evitar no perder más contratos de los ya perdidos en los últimos meses. Y se mantendría el 5% para los accionistas.


Además de los 500 millones, esos siete fondos refinanciarán una cantidad similar, la aportada entre septiembre de 2105 y marzo de 2015 por los bancos acreedores y otros fondos, con los que Abengoa pudo hacer frente a los pagos ineludibles de nóminas y reintegros a algunos proveedores.

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