Análisis: Las pensiones son ya un problema urgente

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Mientras el país continúa sin un Gobierno emanado de las últimas elecciones, los problemas no solo no se solucionan con el paso de tiempo, como parece ser la técnica de Mariano Rajoy para renovar como presidente, sino que se van acrecentando. Uno de los más preocupantes ya no es el futuro de las pensiones públicas, sino su presente.


El Gobierno del Partido Popular ha recurrido a la llamada hucha de las pensiones para poder pagarlas en momentos puntuales de su mandato, tal como le permite y está previsto en la ley, pero prácticamente no ha hecho nada para garantizar que los ingresos del sistema de Seguridad Social se incrementasen a la vista de que el manoseado Fondo de Reserva cada vez está más vacío. Como máximo ha tomado medidas para reducir el aumento del gasto, como los nuevos límites a las subidas de las pensiones. Y además ha adoptado decisiones que han mermado las entradas de la Seguridad Social, con exenciones y rebajas de impuestos o de cotizaciones. El resultado de todo ello ha sido que el citado Fondo ha pasado de los 64.000 millones del 2010 a 24.000 en estos momentos. Y bajando.


Las jubilaciones son el mayor gasto del Estado pero aún se autofinancian



En este tema, el crecimiento de la actividad económica no parece suficiente para cuadrar de nuevo las cuentas. Las pensiones son el mayor gasto individual del Estado. Unos 38 euros de cada 100 del presupuesto del 2016 se dedican a este fin. Pero también hay que tener muy claro que es prácticamente el único gasto que podría considerarse que se autofinancia, o sea que, exagerando, al Estado no le acaba costando nada porque lo que le entra por el lado de las cotizaciones, le sale por el de las pensiones. Hasta ahora. Esto no ocurre ni con la sanidad, ni con la enseñanza, ni mucho menos con las obras públicas, que se sufragan con los impuestos que pagan todos los españoles por todo tipo de conceptos. Y nadie se escandaliza, al contrario. Desde este punto de vista, la posible solución que se está planteando de crear un impuesto nuevo, pagado por todos los ciudadanos, para asegurar las pensiones sin problemas no debería sonar extraña. Se está haciendo en otros países, parece una buena salida, reparte la carga entre todos y puede hacerse también con un carácter progresivo.


El único y gran defecto que tiene es que no es popular, en ambos sentidos del término: ni le gusta al actual partido aún en el Gobierno, ni suena muy positivo para la mayoría de la población la creación de un nueva tributo. Pero algo habrá que hacer y rápido. Dejarlo todo de nuevo en manos del tiempo y de la creación de empleo se está mostrando claramente insuficiente, sobre todo teniendo en cuenta la escasa calidad en salario y cotizaciones de los nuevos puestos de trabajo.



Salvador Sabrià

Periodista

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