Rajoy habla catalán en la intimidad

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EL PAÍS

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MARTES, 19 DE JULIO DE 2016


No está claro si los diputados llegaron a marearse de tantas veces que pasaron por la urna. Un carrusel mecánico desprovisto de emoción que condujo a la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso. No en la primera votación, pero sí en la segunda. Y celebrada con alborozo por las señorías populares. Un rito propiciatorio al que piensa Mariano Rajoy convertir en la inercia de su propia investidura.


Favorece la hipótesis haberse conjurado el peligro de un presidente socialista en la Cámara Baja, sobre todo porque a Patxi López se le observaba desde la bancada azul como un saboteador, un obstáculo institucional a los planes del jefe del Gobierno.


Ana Pastor es lo contrario. Representa una prolongación del líder popular. Una fórmula femenina del marianismo, incluso una versión mejorada en su expediente impoluto de corruptelas, de forma que la presidenta el Congreso y el presidente del Gobierno han engendrado un matrimonio orgánico al que ha insuflado vida el pulgar de Albert Rivera.


Se explicaría así el optimismo con que los populares identifican el acuerdo de Ciudadanos como un presagio inequívoco e inmediato de la investidura, pero estas expectativas se resienten de un problema de la aritmética y de "tempismo", como dirían los italianos. Ni está maduro el sí de Ciudadanos a la investidura de Rajoy ni parece estarlo menos todavía la abstención de los socialistas, razones ambas que contraindican la imagen de Rajoy a hombros en la fecha supersticiosa del 5 de agosto.


Es demasiado pronto, como es también probable que el presidente medite seriamente abstenerse de acudir a una ceremonia de investidura sin la garantía de los números. Para trabajárselos necesita darle tiempo y argumentos a sus interlocutores. La novedad es que se ha incorporado a ellos el antiguo tabú de Convergència.


Resulta que Rajoy habla ahora catalán en la intimidad. Y que ha abierto un camino de entendimiento de interés recíproco desde el eje de la abstención. Se ha abstenido Convergència en la segunda votación de este martes. Y podría abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy, especialmente si el líder popular ya se ha granjeado el sí de Ciudadanos y atrae por añadidura el voto en blanco del PNV.


Es una carambola que permite el PSOE perseverar en el no. Y que Convergència podría utilizar para que el PP se ponga de perfil en la moción de confianza a la que Puigdemont se expone el próximo mes de septiembre en el Parlament.


Se trataría de un desenlace estrafalario, insólito, a la vista de la ruptura de relaciones de la que han alardeado populares y convergentes en estos últimos años de batalla identitaria, pero el cinismo y la conveniencia predisponen a un ejercicio de amnesia.


La sorpresa concedió interés a una ceremonia menos pintoresca de la que resultó la constitución de la XI legislatura. Ya habíamos visto la función, para entendernos. Ni llamaban la atención las rastas ni había que localizar a los tránsfugas detrás de las columnas. Se impuso una liturgia campechana. Pocas corbatas. Bastante manga corta. Y una captura visual de los neodiputados más iconoclastas.


Allí estaba Diego Cañamero "arremangao" pidiendo en su camisa la libertad de Andrés Bódalo, como estaba Felisuco (Ciudadanos) demostrando que el club de la comedia proporciona sesiones memorables en el teatro de la Carrera de San Jerónimo.

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