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La política y sus entresijos

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El presidente del Gobierno y el lehendakari vasco se reunieron el lunes a cencerros tapados, dicho sea sin ánimo de señalar. Mientras Artur Mas y su socio escenificaban su desencuentro, Rajoy y Urkullu demostraban que hablando se entiende la gente, aquella gran lección política que Ernest Benach aprendió de una conversación banal con el Rey de entonces.

Apeado ya de su "consulta sí o sí", Mas ha cambiado de disyuntiva: consulta o elecciones plebiscitarias. El problema es que su socio en la oposición, Oriol Junqueras, no está dispuesto a coaligarse con CiU sin consulta previa. El Debate de Política General ha bastado para escenificar la gresca y para que el primer secretari del PSC se haya estrenado como valet de chambre, en el mejor estilo que los dos partidos españoles cumplen para los nacionalismos en Euskadi y Cataluña: morroi del caserío para el PNV o palanganer para el meublé de Convergència. Recuerden el papelón que hizo Alicia Sánchez Camacho con aquel pacto de legislatura que sólo tuvo cuerda para un par de años.

El Debate de Política General era el momento para que Moisés enseñara las tablas de la ley a los suyos y se los llevara a dar vueltas por el Sinaí durante cuatro décadas. Es lo que pide la tradición a los pueblos elegidos. Juan Josué Ibarretxe anunció su plan en un debate de Política General, el 27 de septiembre de 2002.

Pero en los primeros compases, antes, incluso de la Ley de Consultas, ha estallado la guerra. Civil, naturalmente. Los nacionalistas consideran que nuestras últimas guerras civiles, las carlistas y la del 36, fueron guerras de España contra vascos y catalanes, en lugar de guerras civiles de españoles contra españoles, incluyendo vascos entre sí y catalanes entre sí.

Basta apartar a los españoles para verlo. Los enemigos de verdad son Mas y Junqueras, que le disputa el cargo. En Euskadi pasa otro tanto, con la diferencia de que Urkullu sí sabe que los batasunos van por ellos. De ahí la escasa admiración del lehendakari hacia el proceso catalán. Galeusca se ha convertido en Cagaleus. De ahí que los frutos del almuerzo del lunes en Moncloa se redujeran al buen rollito y poco más.

No es que Urkullu no sienta tentaciones, que las tiene. Es que no va a alterar su calendario en función de la acreditada torpeza política de su homólogo catalán. Antes querrá ver lo que pasa en Escocia. Después, lo que ocurre en Cataluña el 9-N y, finalmente, afrontar el gran duelo que le espera en mayo de 2015 frente a Sortu en las elecciones municipales y forales.

Si uno fuera 'biempensado' diría que Rajoy y Urkullu han dado una pequeña lección de pedagogía política en su almuerzo mientras CiU y ERC se las tenían tiesas en el Parlamento catalán. La disonancia es que sea precisamente este momento el elegido por Margallo para anunciar que si es preciso, se suspenderá la autonomía catalana. Una vez más el ministro de Exteriores ocupándose de asunto tan interior. Se ve que ya era muy mayor cuando explicaron en Barrio Sésamo los conceptos rudimentarios: Dentro/Fuera.

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