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Padres sin autoridad

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LIBRE@DIARIO/OPINIÓN/EDITORIAL


Las cosas de Diegvs


Padres sin autoridad



Educar bien a un hijo 1


El Reino Unido ocupa el tercer lugar en el mundo en relación con la obesidad infantil. Para tratar de combatirla proponen, entre otras medidas, prohibir la venta de dulces en la zona de cajas de los supermercados. También se va a regular la publicidad de alimentos poco saludables, la obligatoriedad en los restaurantes y comida preparada de informar de las calorías, la prohibición de vender bebidas azucaradas a menores de 18 años y obligar a hacer ejercicio a los niños. Ya saben, el gran enemigo hoy es el azúcar. El ministro de sanidad, Jeremy Hunt, aseguró que estas medidas darán a los padres más poder para que tomen decisiones más saludables para sus hijos.


Nada que objetar el Plan Infantil contra la Obesidad del gobierno británico. Lo que me indigna es esa absurda idea de dar más poder a los padres. Que el gobierno de una nación se plantee siquiera dar autoridad a unos padres para poder educar a sus propios hijos, demuestra que estamos viviendo una crisis de dimensiones bíblicas. Es tan absurdo como la idea de esconder las chuches. De esta forma, los niños no las verán. Asunto resuelto para los abnegados papis. Escondamos el problema antes de buscar soluciones. Se sigue implantando esta moda estúpida de prohibir decir NO a los niños, porque un iluminado aseguró que se trauman. Lo más sencillo para un padre es, precisamente, darle todos los caprichos a los niños. De esta forma, evitan berrinches y sus hijos los adorarán. Al menos esa es la visión hollywoodiense de la paternidad. Pero educar a los niños es precisamente enseñarles lo que está bien y lo que está mal. Enseñarles a discernir con sensatez.


Quizá la mejor solución para acabar con la obesidad infantil —o cualesquiera otros problemas que nos atañen— es ir a las causas. No se resuelve con planes nacionales. Necesitamos saber qué ha provocado que nuestros hijos coman tan mal, por qué tiramos toneladas de comida a la basura, o por qué se pasan horas jugando con las videoconsolas o los teléfonos inteligentes. Traten de saber si sus hijos comen sano y hacen ejercicio, y encontrará las soluciones mucho antes que acatando estos estúpidos planes nacionales, cuya efectividad está por demostrar. Aunque quizá la clave es que hemos convertido a nuestros hijos en los dioses de la creación. Y nosotros, los padres, en sus ridículos siervos. Y evidentemente, así, es imposible educar y tendremos que seguir escondiéndoles las golosinas para que no tener que soportar el bochorno de acatar sus órdenes.


Diego Gafo


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