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Una trabajadora de la Autoridad Portuaria remitió al consejo de administración que cesó al director José Rafael, un escrito sobre las ‘irregularidades’ de Ricardo Melchior

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EDDC.NET / Santa Cruz de Tenerife


¿Qué más hace falta? ¿Hasta dónde van a llegar los que pueden acabar con esta situación, sino ponen remedio? Ya se han dejado una cabeza noble e íntegra en el camino, dando la sensación que el aludido, Ricardo Melchior, aún puede, aún es capaz de mantenerle el pulso a todo el mundo. Hablamos de un consejo de administración que no atina el modo de buscarle una salida digna a la ya considerada la peor etapa de la Autoridad Portuaria de Tenerife a lo largo de su historia.


Melchior es una pirámide invertida, como la de la película de Roberto Rodríguez, Abierto hasta el Amanecer, donde todo parece correcto, pero cuando salta la sangre, todo se convierte en un pandemonium. Una pirámide invertida de maldades, de tiranías, de actos perversos, lo cual genera un ambiente que va contaminándolo todo, hasta el punto que están los no-muertos (aliados de Richi) y los vivos (todos los que se oponen a su vampírico dominio).


Mientras muchos cuentan los últimos días de este insólito Führer nacionalista, el pasado 18 de abril entraba en la secretaria general de la Autoridad Portuaria un escrito dirigido al consejo de administración en el que una trabajadora pedía su comparecencia ante el mismo para defenderse, ya que “la situación a la que me veo sometida a diario desde mi incorporación a este organismo, el 23 de octubre de 2017, por sentencia del juzgado de lo social número 3 por despido nulo por vulneración de derechos fundamentales es de ‘linchamiento público’ por parte del personal que dice cumplir órdenes del presidente. Ricardo Melchior. El único motivo al parecer es que he ganado una sentencia judicial por la que me reincorporé a mi puesto de trabajo, tras ser despedida por el señor Melchior”.


Asegura esta trabajadora que, “a pesar de mi determinación, son constantes los escritos que el presidente envía por correo corporativo a todo el personal, en los que me denigra e impide que desarrolle mi trabajo (…) a todos estos hechos lamentables que sólo dañan a esta institución pública hay que añadir que ahora el presidente, según me dicen, ha ordenado al comité de empresa de esta casa que me vapulee con relatos falsos y la anuencia del departamento de Recursos Humanos (…) Se ha enviado un correo corporativo distribuido a todo el personal y publicado, además, en redes sociales, en el que se dice que yo tengo abiertos protocolos de acoso laboral por personal de esta administración. Esto ya sobrepasa los límites de la legalidad. Y de la simple cordura”.


La trabajadora en su escrito da cuenta de los procesos legales en los que está incurso el presidente de la Autoridad Portuaria y hace una defensa del ya cesado director, aunque no en el momento de presentar este escrito, poniendo en conocimiento del consejo que es el único que ha declarado verazmente en sus causas judiciales, que es el único que no ha permitido que la vejen y que tanto él como ella son los dos objetivos a batir por el presidente y sus aliados, dispuestos a todo por acabar con quienes son los que defienden la ley y las buenas maneras, frente a éstos entregados a las ilegalidades, irregularidades y oscuridades que hagan falta para seguir en el ‘machito’.


Pero esta vez las cosas han llegado a un límite y esta vez el aludido es el propio consejo de administración, a cuyos integrantes la trabajadora dice respetar y considerar, pero que ante los últimos atropellos, ya no los va a tolerar más y “ante esta situación emprenderé las acciones legales que me amparan y lamentaré profundamente que afectarán al consejo de administración de este organismo, al que respeto, como a sus miembros, pero legalmente son el máximo órgano de gobierno de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. Por lo tanto, como órgano colegiado tienen responsabilidad legal y el largo etcétera que he descrito en esta comunicación, ya no lo puedo permitir más, ni como persona ni como abogada”.


Dicho queda.

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