Despierta

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LIBREDIARIO@DIGITAL / OPINIÓN / EDITORIAL


Quizá sea cosa mía pero, de un tiempo a esta parte, he observado una tendencia en las noticias que me asusta. Es indiferente el medio que se emplee para estar informado, el resultado es el mismo. Da igual que siga las noticias a través de la televisión, de la radio, de la prensa escrita, o a través de internet... Las noticias se repiten machaconamente día tras día en todos, o para ser más justo, en casi todos los medios. Cada vez que veo las noticias pienso en el principio de exageración y desfiguración de Goebbels, ministro de propaganda nazi: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. ¿No es exactamente esto lo que están haciendo los grandes medios de comunicación? 



 ¿No le llama la atención que la mayoría del espacio de las noticias esté dedicada a la situación en Cataluña? Por cierto, qué hartazgo. Estoy convencido de que la mayoría de ustedes desconectó hace tiempo de la realidad, y son pocos a quienes interesa saber cada movimiento de unos y otros. También ha sido exhaustiva —y en algunas cadenas de televisión repugnante— la cobertura mediática que se ha dado al trágico e incomprensible asesinato del niño Gabriel el Pescaíto. ¿No le sorprende la cantidad de minutos que se emplean en las noticias para informarnos que hace frío en invierno y calor en verano? ¡Por no hablar del fútbol! Conocemos hasta los peinados de las rutilantes estrellas del balompié. 


Es evidente que hay alguien interesado en que usted no piense. Interesado en que a usted le preocupen ciertas noticias y no otras. Por descontado, si nos tienen entretenidos con determinadas noticias, dejamos de pensar. Y si no pensamos, nos convertimos en influenciables. Con tantos peligros como acechan a nuestro mundo, me aterra pensar que podamos estar en manos de unos desalmados que solo miran por sus intereses. No hay nada más apetecible para los poderosos que un pueblo incapaz de pensar, un pueblo manso. Está claro que nos ocultan los beneficios de la clase política, o de los banqueros, o de los poderosos. Y nos regalan migajas para distraernos. Quizá por eso siempre termino mis escritos con las mismas frases. ¿Puede ser un buen momento para reflexionar?


Piensen.


Sean buenos. 


Diego Gafo


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