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Viejos y ye yes

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LIBREDIARIO@DIGITAL / OPINIÓN / EDITORIAL 


EL BAR DE PEPE

VIEJOS YE YES


por Joaquín Hernández




Los jóvenes españoles de los finales de los 60 hasta los años 70 del siglo pasado, se les dio por llamar “la generación ye ye”.


La entrada en España de la discografía de Jimi Hendrix, Jimmy Holiday, Elvis Presley posteriores Beatles y Rolling, hicieron que los españolitos, un poco hartos de las cupletistas y folclóricas de la época, empezaran a lucir los pantalones campana, el pelo largo y los más “progres” del momento se convirtieron en lo que se llamó el movimiento “hyphy”, fueron los menos, eso de la vida en comunidad y el pasotismo total no gustaba a los padres, menos al régimen, que observaba con reserva y miedo el desarrollo de tamaña evolución anti sistema.


Pese a los consejos de la Santa Madre Iglesia, que veía como disminuían las vocaciones eclesiásticas y por primera vez en los últimos años quedaban plazas libres en seminarios y conventos, Franco decidió dejar a la juventud con los pelos largos y cantar el “What I'd say” de Ray Charles o el “Twis and show” de Beatles antes de seguir leyendo, a escondidas, el Capital de Carlos Marx o Pasajes de la Guerra Revolucionaria del Che Guevara, ambos libros comprados por encargo y de contrabando en la trastienda de alguna librería de propiedad de un “cabrón comunista”.


Franco y su régimen prefirieron las melenas, las mini faldas y los pantalones “acampanaos”, antes que las células comunistas infiltradas en los institutos, universidades y en las fábricas, industrias y barrios obreros.


La Brigada de Investigación Social, verdadera Gestapo franquista, se encargaba de la “custodia y vigilancia del personal” y no era de extrañar ver a los “grises”, acompañados por aquellos matones de la miserable policía política - social, en conciertos y concursos de Sirex, Brincos, Bravos o Mustang en las matinés de Barcelona o Madrid, para informar del “movimiento juvenil llamado ye ye”.


Sin embargo, aquellos jóvenes con melena y pantalón campana, sabían muy bien que su futuro no era el mismo que esperaba la juventud europea.


El miedo a no poder mostrar el descontento con la dictadura se hacia patente en las reuniones clandestinas que se disfrazaban como “guateques” donde cada uno se llevaba para su casa algunos cientos de octavillas para lanzarlas por la calle de los barrios y en los institutos y universidades.


Más de uno se la jugó y acabó en las checas de la Dirección General de Policía en Madrid, o en las jefaturas provinciales de los Gobiernos Civiles.


Muchos recibieron palos, muchos palos de los grises, aquella policía que tenía como lema “paso corto, vista larga y mala leche”, más de uno llegó a su casa con una sonrisa en la cara y un rictus de dolor en su corazón roto por la ira que produce la indefensión.


Otros acabaron en las cárceles españolas y muchos en el extranjero, Alemania tiene su red de ferrocarriles construida con mano de obra española y no todos eran emigrantes, muchos, más de los que tenemos datos fueron exiliados.


Todo para conseguir la ansiada democracia, valía la pena sufrir para que nuestros hijos no pasaran el calvario de vivir en un país sin libertad.


Y llego la muerte de Franco y empezamos a creer que no era un sueño la llegada de la democracia, y nos pusimos todos a la tarea de reconstruir un país dividido por una guerra fratricida y un odio silenciado por tanta muerte inútil.


Aquella juventud “ye ye”, aquellos jóvenes que imitaban a sus colegas ingleses, franceses, italianos, etc. y que envidiaban a los turistas europeos que llegaban con sus grandes coches a las costas españolas, que iban a ver las películas “guarras” a Perpignan, son los grandes protagonistas que, con su sacrificio, hicieron la España del siglo XXI.


Hoy, aquellos “ye yes”, peinan canas o están calvos, hoy pocos recuerdan el mayo francés, cuando los “melenudos” salieron por las calles de Madrid, de Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, pidiendo la libertad democrática, trabajo digno y acabar con las cadenas de la dictadura franquista.


Ahora la inmensa mayoría se encuentran jubilados, con una pensión ridícula, asquerosamente ridícula con la que no puede vivir. Ahora aquellos héroes anónimos reciben una miserable pensión, además se les insulta aumentando en unos céntimos al año, lo que con tanto trabajo y esfuerzo costó obtener.


Ahora las viudas de aquellos forjadores de la libertad están en la más absoluta mendicidad, el 90% están en pobreza severa, de hecho, más del 70% de los pensionistas se encuentran bajo el umbral de la pobreza. El cinismo de los políticos, todos los políticos, el pasotismo del Gobierno del PP llega al máximo exponente cuando argumenta la falta de dinero para aumentar las pensiones y al mismo tiempo “rescata a la banca” con 70.000 millones de euros del erario público, con 5.000 para salvar a las empresas concesionarias de las autopistas de peaje. Se pagan subvenciones a Sindicatos y partidos políticos, viajes, coches, miles de millones en gastos superfluos. Todo esto mientras la “juventud ye ye” reparte lo que no tiene para que no pasen hambre hijos y nietos.


Si Franco fue un dictador genocida, estos de hoy son culpables de latrocinio, corrupción y pertenencia banda de delincuentes organizada y camuflada entre la tupida red de las leyes creadas por ellos, algún día serán juzgados y encarcelados, entonces empezará la verdadera democracia soñada por los, hoy, viejo ye-yes.



Joaquín Hernández es periodista y analista político






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