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El portavoz de Ciudadanos de Santa Cruz, Enrique Rosales, quiso entrar en el Casino en Carnavales con mesa y todo por su ‘cara bonita’

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EDDC.NET / Santa Cruz de Tenerife


Asentados en la desvergüenza, la caradura y el aprovechamiento más vil y sucio de la política. Así se lo montan los políticos del partido naranja, Ciudadanos, en Tenerife. Hay dos chancros conocidos y por conocer llamados Teresa Berástegui en La Laguna y Enrique Rosales, en Santa Cruz de Tenerife. De la primera hemos contado una de sus múltiples tropelías, aunque la mayor estamos ya preparándola para exhibirla a la luz pública: se van a quedar estupefactos cuando la contemplen desde un espejo.


Del segundo, ya hemos averiguado una que se la vamos a relatar aquí mismito, conocido como ‘el Rosales’, no el gitano por supuesto, sino el otro, el ‘hermano’ de Bermúdez, el ‘breaking dancer’, el licenciado en la Sorbona, tras andar en la más absoluta indigencia económica y moral, ahora como concejal ha recuperado la bolsa y la vida, por este orden.


Enrique Rosales, el destructor del partido en Santa Cruz, es un aristócrata frustrado. Quiere ser como la gente chic, la buena gente de la capital, ese círculo tan abierto para cobrar, pero tan cerrado para admitir y por eso, se metió como un loco en Ciudadanos, un partido que es como una mesa abierta, donde solamente se mira la falta de talento, el arribismo, la docilidad y la lealtad secreta a CC.


Allí Rosales se encontró con Juan Amigó, el rebelde sin causa, el chico acomplejado, el menos virtuoso de la familia, que suple las carencias con su alfombrismo con el poder establecido, los de siempre, los de CC-ATI y que intenta alcanzar el prestigio de sus hermanos y su padre, metido en política y que ha sabido camelarse al ‘tricicle’ catalán: Hervia (Hermano Lobo), José María Espejo (el monje libidinoso) y el propio Albert Rivera (el preparador de castings), de tal modo que solo miran lo que pasa en Canarias a través de sus ojos y permiten que el partido esté en manos de un sindicato de mediocres, de arribistas, de chupópteros y lo peor, de especuladores inmobiliarios.


En esa línea tan ‘renovadora’ se mueve Ciudadanos en Canarias, Tenerife y por ende en los municipios. Por eso es posible que un concejal como Enrique ‘Bronx’ Rosales se permita el lujo de mandar una carta al Real Casino de Santa Cruz de Tenerife, pidiendo como concejal que le fuera concedido el acceso al mismo en Carnavales, para no estar mezclado con la ‘chusma’ y que le dieran una mesa para él y sus amigos, ahora tiene montones y pasar las fiestas, asocadito y rodeado de esa sociedad a la que aspira pertenecer con toda pasión.


Pero lo pedía por la ‘cara’, solamente por ser concejal, sin pasar por la casilla de socio y sin pagar sus cuotas correspondientes. Menos mal que le dijeron amablemente que ‘NO, Mano’, aunque se quedaron sorprendidos por su carotada carnavalera.


Hablamos de un concejal de la oposición, no lo olviden, que se mueve con estas movidas. Nada de controlar el gobierno municipal, nada de eso. Solamente el vivir del cuento y hacer ‘bisnes’ a escondidas de la opinión pública, mientras los de CC y los del PP se sonríen cuando lo ven en el pleno o en la prensa. ‘Uno de los nuestros’ haciendo su papel. 


En fin. Un asco y bastante profundo. Lo de Ciudadanos si no tiene arreglo, naufragará en un lodazal de corrupción, aunque ganen en las encuestas y en las elecciones. La gente votará lo mismo que los demás partidos o peor, porque están desesperados, muy desesperados.

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