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La pasarela peatonal de La Candelaria continúa sin dar acceso al Hospital ocho años después de su inauguración

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LIBREDIARIO@DIGITAL / OPINIÓN / EDITORIAL 


Cerca de tres millones de euros, todo tipo de lujos de los que hoy en día ya no funciona ninguno, ni tan solo uno del más del centenar de tubos fluorescentes con los que se inauguró, y no digamos nada del ascensor que ahí debe estar pero nadie lo ha visto nunca abrir la puerta. Tres inmensos focos que habrían de iluminar la monumental estructura tampoco están ya, casi desde el minuto cero desaparecieron.


Pero el caso es que cuando Carlos Alonso y Miguel Zerolo inauguraron eso, junto con el consejero de Obras Públicas del gobierno, a la pasarela le faltaba lo fundamental porque de lo contrario se podría haber dejado la antigua perfectamente y que sólo necesitaba una mano de pintura porque era idéntica y de la misma época que la que aún hoy en día está totalmente remozada en el Hospital Universitario de Canarias y un poco más arriba, en Las Moraditas. Porque la gracia de la nueva pasarela es que la puerta del ascensor y la rampa en sí quedaban a 15 metros de la entrada del Hospital de La Candelaria, con lo que todos los usuarios procedentes del Sur o del Norte podrían conectar con la 015 -o cualquier otra línea de TITSA- y ponerse de lo más cómodamente allí y sin tener que dar rodeo alguno, como hay que hacer sí o sí en el caso de utilizar el tranvía. Los pacientes, familiares y los casi 5.000 empleados que tiene el centro que, echando números, representarían cifras de desplazamientos millonarias sin la más mínima duda, que hoy en día utilizan mayoritariamente el vehículo privado.


¿Y por qué esa carísima pasarela, que habría de tener un uso principalmente sanitario según Obras Públicas que la pagó, aún hoy en día continúa sin dar servicio al centro hospitalario? Pues básicamente porque hay un muro y una valla que impiden cruzar los 15 o 20 metros que separan a la pasarela de la puerta principal del Hospital. Y la alternativa, el que no se lo crea que vaya y pruebe, es dar un rodeo de casi un kilómetro de subidas y bajadas por aceras estrechas y escaleras para llegar al mismo sitio desde el que saliste. Eso sí, hay que ver las “soluciones” que han buscado los vecinos de la zona que cuando tienen familiares ingresados se cuelan saltando por los jardines, hay piedras apiladas al efecto, para colarse por pequeños agujeros hechos en la valla. Ya sé que es increíble, pero por eso existimos, porque no contamos las cosas de las que hablan los periódicos sino la otra realidad, la que no cuentan ni los de Podemos que ya se han acomodado también.


Los números son los que son: unos 5.000 empleados que pueden realizar de media unos 200 desplazamientos al año (echando por lo bajo). Ida y vuelta son 400, lo que significa 2.000.000 de desplazamientos de trabajadores. Pacientes y familiares, si hay 5.000 empleados ya les digo yo que esos dos millones de desplazamientos que hacen los empleados habría que multiplicarlos mínimo por cinco, pero si multiplicamos sólo por 3 pues tememos unos 6 millones de desplazamientos más. Vamos, que redondeando entre trabajadores, pacientes y familias sin la más mínima duda hablaríamos de 8 millones de trayectos. El tranvía tiene 13 millones de cancelaciones y ajustando cálculos pudiera ser que los desplazamientos de La Candelaria y las cancelaciones del tranvía se acercaran bastante.


Pues bien, de esos 8 millones de trayectos, siempre calculando por lo bajo, a día de hoy nadie en su sano juicio utiliza las guaguas de TITSA que circulan por la TF-5 pese a la multimillonaria pasarela que inauguramos en septiembre del 2009 justamente para eso, para conseguir que un par de millones de usuarios o trabajadores, mínimo, dejaran el coche en su casa e hicieran ese trayecto en guagua. La pregunta es: ¿por qué Carlos Alonso que cruzó esa pasarela en 2009 cuando se inauguró, una y no más Santo Tomás, y que quiere lanzar satélites al espacio con el dinero del Cabildo o adelantar 305 millones para un túnel que falta del anillo insular de carreteras, pese a no ser de su competencia ambas cosas dos, no busca la manera (poniendo dinero o lo que sea) de que TITSA capte a esos usuarios y así sacamos a esos coches de la TF-5 que no da más de sí? ¿Creen ustedes que si en lugar de pasar por allí las guaguas de TITSA pasara el tranvía todavía estarían allí esos muros y esa valla que obligan a la gente a dar un rodeo casi imposible de cerca de un kilómetro?


Y ahí está el problema. Para que los números del tranvía cuadren mal que bien, me dirán ustedes el tremendo fracaso que representa la Línea 2, es fundamental que la guagua no le haga competencia de ninguna de las maneras, y el enemigo del tranvía simpre fueron la 015 y la 014 (la 013 también pero esa la eliminaron directamente) que pueden poner a los usuarios de centro a centro en la mitad de tiempo que la catenaria y pasando por los dos hospitales y la ULL en el caso de la 015. De ahí que sea hasta más caro ir de Santa Cruz a La Laguna en guagua que en tranvía, además de que ya no te deja en el centro como antes de 2007 sino en las afueras, para que tengas que trasbordar al tranvía sí o sí. Una locura que subvencionamos todos. De ahí que Carlos Alonso no tenga ningún interés en que esos más de dos millones de usuarios potenciales, a los que les podría venir muy bien utilizar la pasarela que pagamos a precio de oro hace 8 años, se suban a las guaguas verdes. Y no porque se suban a la guagua que yo creo que eso se la sopla directamente, sino porque medio millón o más podrían ser usuarios que se bajaran del tranvía porque les vendría mejor la TF-5.


Y eso sí que no lo va a consentir Alonso, antes muertos que sencillos. Este hombre se ha atribuido el mérito de haber conseguido que TITSA pierda 22 millones de usuarios mientras el tranvía ha supuesto 13 o 14 y las cuentas no cuadran por ningún sitio después de una inversión de cerca de 350 millones de euros que debió haber multiplicado por dos esos cerca de 60 millones de usuarios que llegó a tener TITSA antes de la llegada de la catenaria. ¿O mereció la pena eso para perder en conjunto unos siete millones de usuarios del transporte público en Tenerife después de la mayor inversión que se ha hecho en esta Isla en nada jamás? ¿Es creíble que estos individuos, los que se han gastado millones en propaganda y proyectos de trenes que ahora serán bus-VAO según dicen, vayan a mover un sólo dedo a favor de una movilidad sostenible en Tenerife?


Pues la pasarela del Hospital de La Candelaria, medio podrida a 8 años de su inauguración, pudiera ser una demostración más que evidente de cuáles son las verdaderas intenciones de todos estos personajes: a la guagua ni agua.



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