Descubra una solución a la corrupción distinta a lo que predican los nuevos partidos.

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Librediario@digital / Opinión


La semana pasada se inició el juicio oral de la trama de corrupción Gürtel. Con una asombrosa tranquilidad, el líder de la trama de corrupción, Francisco Correa, explicó cómo a cambio de favores en los concursos de adjudicación de obra pública, cobraban entre un dos y un tres por ciento a las empresas y repartían parte del botín para financiar actos electorales del Partido Popular.


Esta misma semana también conocimos la petición de la fiscalía de 20 años de cárcel y 44 de inhabilitación para ejercer un cargo público para el exconsejero de empleo de la Junta de Andalucía, Antonio Fernández, por los delitos asociados al fraude asociado a la trama de corrupción de los ERE de Andalucía.

Estos casos son los más mediáticos, pero no los únicos. Y es que en España hay más de 1.700 causas por corrupción abiertas, con más de 500 imputados. Unas cifras totalmente inaceptables y bochornosas, sobre todo si tenemos en cuenta el sufrimiento que padecen millones de españoles en el contexto de la peor crisis económica en décadas.

Durante los últimos años a los españoles se nos ha pedido un fuerte esfuerzo por sacar el país adelante, con recortes en el gasto público, bajadas de sueldos, expedientes de regulación de empleo, etc.

Los escándalos de corrupción revelan algo claro: los españoles han estado muy encima de su clase política. Mientras millones de españoles han aceptado sacrificarse por sacar adelante su país de la peor crisis económica en décadas, una parte minoritaria, aunque relevante, de la clase política se ha lucrado durante los últimos años de manera ilegítima.

Sin embargo la corrupción en España no sólo es un problema social, también es un problema económico que nos cuesta miles de millones de euros. De hecho, hay estudios que argumentan que la corrupción en países desarrollados como el nuestro alcanza un valor de hasta el 0,5 por ciento del Producto Interior Bruto, algo equivalente a 5.000 millones de euros.


La solución a la corrupción

Dada la magnitud de las cifras y el hastío de la población hacia la clase política, es fundamental solucionar este problema de una vez por todas.

Las encuestas de intención de voto están corroborando que la formación política que más se beneficia por estos casos de corrupción es Podemos, el partido dirigido por Pablo Iglesias.

Con una hábil estrategia de comunicación, este partido se está distanciando de la clase política (o casta, como ellos la llaman) y está atrayendo los votos de millones de personas hartas de los escándalos de corrupción y con deseos de que se produzca un cambio profundo en nuestro país.

Sin embargo, la corrupción no se soluciona con penas más duras de cárcel o con más Estado. La mejor solución que existe para eliminar la corrupción es reducir el papel del Estado en la economía.

Si exceptuamos a los países nórdicos, donde la corrupción es un fenómeno muy poco habitual gracias a la cultura de honestidad que impera, existe una clara correlación muy elevada entre el nivel de intervención del Estado en la economía y el número de casos de corrupción.

Inevitablemente, en culturas y sociedades como la nuestra más Estado es más corrupción.

La receta de Podemos, lejos de reducir la corrupción en nuestro país la aumentaría considerablemente al poner miles de millones de euros adicionales en las manos de burócratas susceptibles de ser sobornados y de participar en esquemas de corrupción.

Por otro lado, una economía en la que el dinero no está en manos de burócratas al servicio de un Estado hipertrofiado, sino en manos de sus ciudadanos, no sólo es una economía más próspera por una distribución de los recursos más eficiente, sino que es una economía con menos corrupción.

Los casos de corrupción en España, aunque graves, no son sustanciales si los comparamos con el nivel de corrupción que hay en países donde el Estado asume un papel dominante en la economía como Venezuela, Rusia o Cuba.

Si queremos acabar con la corrupción que desangra a nuestro país hemos de tenerlo muy claro: menos Estado es menos corrupción. 


Alberto Redondo 

Editor
Inversor Global España

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