¿Energías renovables? No, gracias

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Alemania produce un tercio de su energía de fuentes renovables. En mayo de este año las energías verdes llegaron incluso a superar el 87% de la producción total de electricidad del país, generando 55 de los 63 gigavatios. Una de las consecuencias fue que los precios de la energía se desplomaron y los consumidores industriales cobraron por usar electricidad. Asombroso, ¿verdad? Dinamarca llegó a generar el 140% de su energía mediante turbinas eólicas, exportando energía a Alemania, Noruega y Suecia. No son los únicos países capaces de generar el 100% de su energía de fuentes no contaminantes. Costa Rica, Austria, Noruega e Islandia también están en ese selecto club.

 

Pensará —¡ay, mísero de usted, y ay infelice!— que la situación de España debe ser de absoluto privilegio. Las condiciones climáticas son más que favorables. Contamos con miles de horas de sol al año, fuertes vientos, costa... De esta forma podríamos explotar el inmenso potencial solar, eólico e hidráulico y no depender en exceso de los combustibles fósiles con la consiguiente contaminación medioambiental que ello conlleva. Pero olvidó un pequeño inconveniente. Hablamos de España. Y no solo seguimos esclavos de la energía convencional sino que además tenemos una de las facturas más caras de Europa. Es incomprensible. Quizá, todo sería más sencillo si no existiera un impuesto al sol, que grava incluso los consumidores que quieren autoabastacerse con placas solares. De locos.


Es posible que la solución a este rompecabezas sea observar con detenimiento los consejos de administración de las empresas energéticas de España. ¿Sospecha quiénes están? Efectivamente. Ex políticos. Ahora sí entendemos qué es lo que pasa. Sencillo. Estos mangantes, solo se preocupan por engrosar su cartera, despreciando a la plebe. Ellos están por encima del bien y del mal. A esta gentuza no les interesa dejar un mundo mejor para las próximas generaciones. Solo les ocupa y les preocupa su dinero. Ya se han enriquecido bastante exprimiéndonos como a limones. ¡Basta ya! Pongamos fin a las puertas giratorias que permiten a estos sinvergüenzas —de todos los partidos— campar a sus anchas.


Piensen.
Sean buenos. 

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