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El Club de los Negocios Raros

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El congreso de los diputados ha intentado con todas sus fuerzas durante los últimos ocho meses convertirse en el Club de los Negocios Raros. Y está a punto de conseguirlo.


Tal y como describió Chesterton en la obra que por título lleva tan sugerente nombre, los políticos que supuestamente laboran en este espacio son dignos mandatarios de esta empresa de extravagancias y sinsentidos en la que se ha convertido la Cámara baja.


Las razones para nuestra alocada conclusión vienen en los mismos requisitos que figuran en las primeras páginas del libro. Aquí van las cláusulas de tan nobilísimo Club:


Inventar una profesión o industria absolutamente nueva. No valen variaciones de oficios ya existentes. “El club no admitiría a un agente de seguros por el simple hecho de que en vez de asegurar los muebles contra un incendio, asegurara, pongamos por caso, los pantalones de los hombres contra la posibilidad de ser desgarrados por un perro rabioso”.


Al ritmo al que vamos y si las elecciones vascas no demuestran que los enfados de Aitor Esteban eran puro bluf y que su escenita el otro día delante de los medios tras la sesión del martes no era más que un apéndice titiritero, estaremos avocados a unas terceras elecciones en lo que va de año. A una nueva tortura sísifica. A que la validez de nuestro voto pase de cuatro años a tener la caducidad de un cartón de zumo.


Con este panorama, no parece descabellado decir que la carrera política de cualquier individuo que haya llegado al congreso desde el 2015 se puede resumir de la siguiente manera: el amigo de un amigo te presenta a un animal político, te afilias al color que lleva, te transformas de puerta para afuera y haces creer a todo el mundo que llevas tatuado en tu espalda los dogmas del partido al que representas, haces méritos (políticos, claro está) de toda índole, toreas a los medios con más o menos arte, el líder te sonríe, entras en una lista, personas ingenuas y de presumible buena fe votan dicha lista, sales como diputado, estás contento, representas a un montón de papelitos, llegas a un edificio grande con leones a las puertas (dos copias de Graogramán en La Historia Interminable), recoges una cartera de piel muy bonita, te pones traje o rastas (depende del logotipo del partido), te sientas en un butacón y aplaudes muy, pero muy fuerte, cuando habla uno de tu equipo y sacas todo tu repertorio de muecas o te esfuerzas de pasar de nivel en el Candy Crush cuando habla alguien del otro bando.


Y ya está. Porque el diputado de hoy no puede hacer nada más.


No legislan plenamente, porque un gobierno en funciones no puede presentar ningún tipo de proyecto de ley; a excepción de los reales decretos. El gobierno tiene un margen de actuación limitado, al igual que el control que sobre él pueden ejercer los diputados. No hay un presupuesto general para el próximo año con el que poner a trabajar a las comisiones. Se paralizan las grandes inversiones públicas. La CNMV se tambalea, ya que se quedará sin sus máximos dirigentes el próximo mes de octubre (pues la elección de sus cabezas pende de gobierno) y quedará en evidencia parte de nuestro sistema financiero. No dices delante de los medios más que los primeros versos de Espronceda (“Con diez cañones por banda”…) ya que la disciplina de partido te impide decir la verdad de este asunto, que esto es un desastre y una estupidez supina, con el fin de no excitar en demasía los nervios de los gerifaltes.


La aplicación e incidencia de la labor de los diputados en el Congreso sobre la ciudadanía raya la Nada de Michael Ende. Es por tanto que esta política y estos políticos han dispuesto de todos los recursos para crear una nueva profesión y así cumplir con el primer punto para formar parte del Club de los Negocios Raros.


En segundo lugar, “la profesión tiene que constituir una fuente de ingresos de carácter genuinamente comercial, que mantenga económicamente a su inventor. Así, el Club no admitiría a un hombre por el mero hecho de que se dedicara a coleccionar latas vacías de sardinas, a no ser que con ellas pudiera montar una industria decorosa”.


Qué más genuino que llenar carteles, anuncios, espacios públicos, mítines con travellings imposibles y virguerías varias. Qué más audaz que hablar y hablar de la unidad de España, de la nueva y vieja política, de déficit, casta, recuperación, emergencia social, referéndums, corrupción y tantos y tantos adjetivos clásicos, consiguiendo, a través de este desgaste ocioso de lengua, dádivas sustanciosas. Concretamente: (salario medio diputado), dejando dietas, transporte y iPad a un lado.


Los tendederos y analistas políticos, el hombre del butano y el oyente enajenado que suelta barbaridades y locuras a cometer contra los políticos en “Las Mañanas” de Alfredo Menéndez en RNE, piensan lo mismo que un servidor: por creatividad, por presencia, por colorines y griterío, la profesión de diputado puede, mejor dicho, debe ser, la más rentable de cuantas existen en el Club de los Negocios Raros.


Un lugar extravagante es este Congreso, repleto de hologramas de lo que alguna vez fueron niños felices, y que ahora lanzan negativas, caos y alternativas de gobiernos para las izquierdas y sus confluencias centrífugas.


El PP cierra filas ante el dos veces destronado Mariano Rajoy. Su círculo de confianza se empeña en demostrar que son capaces de seguir hasta el colapso institucional a este líder de discursos “cansados y mediocres” . Tamaña hazaña, tamaña ceguera, ni siquiera pudieron emular los soldados británicos con el Coronel Nicholson en el film de David Lean, “El Puente sobre el Río Kwai”.


Sánchez apura las uñas que le quedan con el “no es no”. Aquí le ayudan a reafirmarse, a no desistir Hernando y López Águeda. A estos tres mosqueteros solo les cabe cuidarse de García-Page, Díaz y Fernández Vara, ya que puede que se vengan arriba en el próximo comité federal y cumplan con lo que dicen de mutisdesde sus feudos regionales: fuera este secretario general.


Rivera, el meñique de la política española, es el aparentemente más beneficiado de todo este juego de tronos al moverse con los Lannister y los Martell indistintamente, ahora va y dice que el PP necesita otro careto en primera plana. Si se confirma el runrún PP + PNV para la primera semana de octubre y Rivera da un paso en falso, podemos estar ante el principio de la corta existencia de Ciudadanos en el Parlamento.


Iglesias y Garzón, con Cañamero dando instrucciones de guerrilla urbana, preparan las barricadas, el fango y algo de cal. Es el último cartucho que les queda si no quieren verse arrastrados, paulatinamente, elección tras elección, a la marginalidad del grupo mixto. Puede que para diciembre, en un afán por no hartar al votante medio y mayoritario de Podemos (seguramente de copas esta noche por Malasaña), presente unas nuevas siglas que permitan a Iglesias and Co seguir fantaseando con el apellido “bolivariano” en la añorable tercera república española: Unidos Podemos Separarnos.


Y mientras tanto, en el reino de Narnia, los aventureros de a pie seguiremos trabajando o sellando el INEM, agregando los disgustos de ver a Diego Costa no marcar con la selección, a Casillas sin ser convocado por el que fuera su entrenador en el Oporto y la ciudad de Madrid preparada para aumentar la alerta sanitaria por los nuevos casos de fiebre hemorrágica.


Apuren sus piscinas, terminen de leer a Pérez-Reverte. Desconecten la tele. Durante el próximo mes van a tener una reminiscencia lamentable de la “actualidad” política. Terminen sus pendientes más amenos con alegría ya que en octubre nos van a devolver al hastío del “juego político” y puede que nos amarguen las compras navideñas.


Libre@Diario