El bar de Pepe. Ciudadano Albert Rivera.

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Al joven Alberto le están empezando a crecer los enanos en el circo político festivo nacional. Alberto (en Cataluña Albert) es, ante todo, un tipo brillante. Licenciado en derecho no tardó mucho tiempo en darse cuenta que en Cataluña, la gente de la calle, los “ciutadans” necesitaban algo más que políticas nacionalistas que marginaban a todos los que no compartían la idea de una Republica Catalana, independiente y dependiente de las familias mafiosas que con el beneplácito de la Generalitat campeaban a lo largo y ancho del país de la barretina y la butifarra, y se propuso aguarle la fiesta a Mas, Oriol y toda la comparsa de la familia Pujol – Ferrusola y es así, con el propósito de regenerar la política al mejor estilo de “la cosa nostra”, como aparece “Ciudadanos, partido de la ciudadanía” y llega a convertirse en la mosca cojonera de Convergencia y E. Republicana.


Es entonces cuando se desnuda de cuerpo y alma y empieza hablar con el lenguaje que el personal espera de él. El eje principal de su discurso lo basa en la lucha contra la corrupción que campea a sus anchas por todo el país catalán, al mismo tiempo que cuestiona la separación del Cataluña del Estado Español. Manifiesta su propósito de apoyar la Constitución española y se niega a cualquier tipo de referéndum sobre la autodeterminación de los catalanes. El hecho de luchar contra los segregacionistas, con más ahínco incluso que el Psc y el Pp, le hace ganarse las simpatías de gran parte del electorado y en el año 2006 asoma tímidamente las narices por el parlamento de la Generalitat catalana.


Pese a las estadísticas en su contra que le dicen no a una posible entrada de Ciutadans en el marco nacional, el valiente y arriesgado Alberto Rivera da el salto y en las elecciones andaluzas se presenta con su versión de Ciudadanos y sale tan victorioso que es capaz de imponer a Susana Díaz las condiciones para decir si a su investidura como Presidenta de la Junta de Andalucía, y hace que, por primera vez en la historia de la dictacracia, se cuestionen personajes históricos del Psoe logrando echar a patadas a Chaves y Griñan que posteriormente han sido procesados por prevaricación, malversación. Demostró que de “línea blanca y sucedáneo del PP” no había nada de nada.


En las elecciones del 20-D del 2015 también basó el 70% de su campaña electoral en ir, en plan Eliot Ness a la española, en contra del Partido Popular tachándolos de corruptos y gánster de cuello y guante blanco. Embestía contra Rajoy como capo de una banda de malhechores organizada para el saqueo del dinero público, y pudo prometer y prometió que cualquier pacto que pudiera hacer con el Partido Popular pasaría por la salida del gobierno de todos los actuales ministros incluido, por supuesto, Mariano Rajoy. Anteponía está condición a cualquier otra, incluso a posibles acuerdos sobre los derechos fundamentales de los españoles secuestrados por el gobierno popular en los últimos 4 años.


Alberto sabía muy bien que sus 3.5 millones de voto los había sacado de los desencantados votantes del PP y del Psoe que veían en Ciudadanos una alternativa de centro progresista a Podemos y Pablo Iglesias. Nunca pensó que la firma del programa de intenciones con Pedro Sánchez pudiera resultarle un problema de credibilidad a su público objetivo hasta que sucedió lo que buscaban Mariano Rajoy y Pablo Iglesias, o sea unas nuevas elecciones.


Los resultados del 26-J dieron un varapalo importante al partido del joven Rivera y el susto y el temor corrieron de banda en banda. Como de una epidemia se tratase y ante la pérdida de 380 mil votos (un 13,6% frente al 14% del 2015) la diarrea cundió por todos el staff de Cs. y temerosos de unos nuevos comicios que les podría llevar a convertirse en un simple grupo parlamentario de no más de 10 diputados, el discurso a empezado a cambiar e invocando a temas de Estado, a salvar España, esta vez están dispuestos a darles el SI a la investidura del Capo de la banda de malhechores que hace 8 meses y medio Alberto Rivera denunciaba. La incoherencia entre el ayer y el hoy evidencia que todo, absolutamente todo, es una mentira que se convierte en materia putrefacta.


Ahora, invocando el interés general, ahora para salvar a España del caos de unas “nuevas elecciones” si nos sirve un presunto delincuente para presidir otros cuatro años más los destinos de los españoles, ahora si nos interesa que gobierne España un partido investigado por corrupción y maquinaciones delictivas. Ahora, para no perder la poltrona y la vicepresidencia del Gobierno de Rajoy no importa trabajar con el descendiente de Corleone.



Joaquín Hernández, periodista y analista político

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