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Carta a Montse, una independentista catalana

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El Bar de Pepe


Estimada Montse:

Como decía en mi anterior correo, es prácticamente imposible rebatir tus reflexiones respecto al tema que nos ocupa, sobre todo porque estoy de seguro que no tendrá en cuenta mi opinión.


Observo que has generalizado el tema, o sea que no sólo lo has centrado al asunto segregacionista catalán y has querido hacer una especie de pirueta sobre la condición del ser humano.


En mi artículo “Ja soc aquí” mi intención era centrar el tema en el aspecto borreguil, independiente de su formación cultural o su ideología, religión o país de nacimiento, de los pueblos que formamos el conjunto de personas que habitamos en este mundo.


Ni siquiera se trata de inteligencia, la manipulación del cerebro es tan grande y tan fácil de hacer que nos asombraríamos hasta que punto podemos pasar de un estado racional de conciencia a una locura colectiva de tal magnitud que podemos llegar a las más horribles de las barbaridades en pro de una bandera, un ídolo o una idea de “progreso” emitida a favor de oligarquías separatistas y en contra de “otras” oligarquías “colonialistas”.


He visto como la ceguera de unos cuantos, guiada por promesas de oscuros personajes, más inclinados en el enriquecimiento personal que en el bienestar colectivo, ha llegado a tal punto donde hermanos, primos, suegros, nueras, familiares de todo grado sanguíneo, amigos de la infancia, vecinos, etc. se ha enfrentado en una batalla a muerte donde cualquier asomo de piedad era totalmente imposible. El grado de odio llega a tal nivel que nos convertimos en depredadores de nuestra propia especie.


En la antigua Yugoslavia ocurría la misma escena que mencionas en tu maravilloso escrito: “recuerdo aquellas largas sobremesas rezumando sudor, coraje y al tiempo ilusión, y que siempre concluían con la excelente voz de mi prima mayor, manos en la guitarra, cantando a Lluís Llach, a la que se iban añadiendo las voces desafinadas de mis tíos y que culminaron con la fogosidad de sus carcajadas. De todo ello, me queda lo entrañable de ese amor que diluía cualquier diferencia...”,

¿Sabes lo que quedó de esas escenas después de la guerra fratricida de los Balcanes?


Mejor ahorro palabras que pueden dañar tu percepción del futuro en una Cataluña dividida por unos y otros.


Pero claro que el problema es difícil de solucionar, sobre todo por mi experiencia con los lavados de cerebros a escala mundial y la poca capacidad de análisis de la persona. Porque de lo que se trata no es de explicar por qué, fuera del estado español, los catalanes "vivirán" mejor.


No, esa no es la cuestión, eso no es lo fundamental.


Ustedes piensan que lo prioritario es salir de España y crear su “propia nación”, ser “nosotros mismos” y añadir aquello de “los españoles nos roban, nosotros con lo que producimos seríamos más ricos, viviríamos mejor”, y parece que esa especia de idiotez, constantemente repetida al mejor estilo de los postulados de Joseph Goebbels, cuela entre las neuronas de buena parte de la población que parece incapacitada para pedir una aclaración a tamaña pamplina.


Pero el asunto no se centra solamente en el asunto independentista catalán, lo tienes en la guerra de Siria, en Palestina, en Irak, en Libia.


Si te das cuenta he nombrado una parte del mundo donde la guerra se cobra miles de muertos civiles o no día tras día. Imagina Irak con Sadam Husein o Libia con Gadafi, o la propia Siria antes de la intromisión de los yanquis o rusos, Yugoslavia antes de la muerte del “dictador Tito”.


¿Estamos ante una Cataluña dividida por culpa de personajes xenófobos donde puede suceder, en el mejor de los casos, la violencia llegue a extremos insospechados?


¿Estamos ante un proceso donde intereses, más allá de los propios deseos catalanistas, estén a la espera de una España débil y dividida para acercarnos al golpe mortal?


¿A quién o a quienes le puede interesar un nuevo Kosovo en el sur de Europa?


Estimada amiga, todo esto espero sean elucubraciones mentales pero si me gustaría que te hicieras las mismas preguntas que acabo de hacer en este escrito e incluso que las hagas extensivas a tus familiares y amigos.


No me quedo con las ganas de incluir un beso con este abrazo.


Sinceramente:
Joaquín Hernández

Libre@Diario