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GAY vs GAY

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Bandera lgtb


LIBRE@DIARIO/OPINIÓN/EDITORIAL


EL BAR DE PEPE

GAY vs GAY


Empiezo enviando un mensaje al lector: Soy abuelo de un chico que se declara abiertamente homosexual, y amigo de homosexuales, mujeres y hombres.


Dicho esto, voy a repetir mi particular “letanía” sobre el tema; la sexualidad es una condición personal del ser humano, nada más.


El que crea o quiera ver esa condición heterosexual, bisexual, homosexual, como algo natural e inherente con la personalidad de cada cual, no comprenderá el empeño del colectivo gay en manifestar dicha condición como algo especial y distinto a otras inclinaciones sexuales.


Los homosexuales han padecido la persecución de las clases sociales más retrogradas; desde la izquierda ancestral, hasta la derecha más ultra. Los maricones y lesbianas han sido perseguidos, puteados, masacrados por descerebrados/as que, llenos de envidia, han intentado apagar su verdadera inclinación sexual matando al culpable y delator de sus “deseos”.


Mucha de esa gente que en el propio siglo XXI apalea, o siente fobia, hacia otra persona que manifiesta no compartir su condición sexual lo hacen desde el desconocimiento que le puede producir el placer consentido entre dos personas del mismos sexo, esto no quiere decir que tenga curiosidad y menos morbo por saber cual sería el comportamiento de mis deseos sexuales ante una posible relación homosexual, algunos amigos maricones lo intentaron pero sin respuesta positiva por mi parte, es más sentí un claro desapego ante las insinuaciones de personas de mí mismo sexo, no tuve mayor motivación que el rechazo ante las insinuaciones de mis aquellos que siempre fueron y serán mis amigos.


Cuando llega la época estival, motivado por un negocio de muchos millones de euros, aparecen los colectivos de LGBT compuestos por siglas de las palabras Lesbianas, Gays, Bisexuales y transexuales para organizar, en plan reivindicativo “el día del orgullo gay”.


Las celebraciones, que en algunas localidades duran semanas, se llevan a cabo en plan “totum revolútum”, o sea que es el desmadre total, es como si quisieran pasar del armario, a decirnos que con el culo al aire y emplumados, los y las homosexuales son gente distinta al resto de la población heterosexual y esa es la manera de reivindicar su derecho al sexo entre personas de su mismo género.


Desde un punto de vista festivalero, y si les gusta mostrar sus inclinaciones sexuales públicamente, no hay nada que decir, a mi me gustan las corridas de toros y me critican por ello, yo no hago lo mismo y admito a todos aquellos a los que les guste el “día del orgullo LGBT”.


Sin embargo, en ese colectivo tan amplio, no se tienen cifras exactas, pero se estiman en más e 1.000 millones las personas homosexuales por todo el mundo, de las que poco más de unos cuantos millones se declaran como tales y que forman parte del lobby de poder más grande del mundo, superando a judíos y masones, más del 70% está en desacuerdo con ese tipo de celebraciones, que más desprestigia al colectivo sembrando la discordia entre unos y otros.


Son conocidos los homosexuales famosos que han declinado participar en las cabalgatas del día festivalero, diciendo, abiertamente, su rechazo a ese tipo de “actuaciones en plan mariquitas folclóricas y maricones de Harley Davidson y culo al aire”.


Lo peor de todo es que este tipo de manifestaciones no resuelven el problema de la homofobia en los países más homofóbicos del mundo, como, por ejemplo: Nigeria, Jordania, Senegal, Uganda, Ghana, Egipto, Túnez, Indonesia, Kenia, Rusia, China, etc. donde el simple hecho de ejercer tu condición homosexual te puede acarrear penas de cárcel de hasta 25 años y en algunos casos hasta la pena capital.


Hay quien dice que el rechazo social ante este “orgullo” es contraproducente entre los países que admiten el hecho LGBT, máxime cuando se sabe que las subvenciones públicas a fondo perdido superan, entre todas las comunidades donde se celebra más la aportación del gobierno central, que pude rozar los 2.5 millones de euros.


Otra cosa será cuantificar los ingresos que por este concepto reciben los negocios de las localidades donde se celebra y el turismo que mueve el evento, que todo habrá que decirlo…



¿Creen que es mejor gastar ese dinero en plumajes y cabalgatas o en las escuelas, en los institutos, en las universidades enseñando a respetar la pluralidad sexual como condición libre del ser humano?



Joaquín Hernández, periodista y analista político

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