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La Monarquía y los españoles

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LIBRE@DIARIO/OPINIÓN/EDITORIAL



MONRQUIA


EL BAR DE PEPE


LA MONARQUIA Y LOS ESPAÑOLES


En una mini encuesta efectuada en a las redes sociales, ante la pregunta “Monarquía Parlamentaria o Republica Federal”, el 73% de los que contestaron la pregunta dijeron SI a la Republica Federal como sistema de gobierno en España, y NO a la Monarquía Parlamentaria.


Podrán decir que no es significativo el hecho de creer que este tipo de consultas son representativas de los deseos del pueblo español, claro que no lo es, pero sin embargo si es un pequeñísimo muestreo del desencanto de los españoles con la Casa Real.


Cuando el 28 de setiembre del año 1936, Franco fue nombrado jefe del Gobierno del Estado en una reunión de los altos mandos militares del sector del Ejército que se había sublevado y que una semana antes lo había designado como Generalísimo. Los generales lo nombraron «jefe del Gobierno del Estado, mientras dure la guerra», pero en el decreto de la Junta de Defensa Nacional, publicado el día 30, se suprimió la acotación «mientras dure la guerra» y se añadió «quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado». Al día siguiente, 1 de octubre, en una ceremonia solemne celebrada en la sede de la Capitanía General de Burgos, el general Franco fue investido con sus nuevos poderes como «jefe del Estado», que fue el título que ostentó durante su larguísima dictadura (el 1 de octubre sería conmemorado oficialmente todos los años como el día de la «Exaltación de Franco a la Jefatura del Estado» o simplemente como «Día del Caudillo») .


El proceso por el que se llegó a la elección de Franco como jefe militar y político de la sublevación fue complejo y las fuentes históricas han sido bastante poco coincidentes en su descripción y en su cronología, aunque las líneas generales sean conocidas.


La excelentísima relación de la monarquía con el dictador llegó a tal punto que hasta el propio Rey Juan Carlos I llegó a decir “No soy rey por casualidad, lo soy por la voluntad expresa de Franco, saltándose la continuidad dinástica”.


En una entrevista célebre con una periodista inglesa, Juan Carlos dijo que no permitía hablar mal del Caudillo en su presencia, porque le debía la corona.


Juan Carlos mismo ha firmado la ley de memoria histórica que al ilegitimar al franquismo deslegitima implícita, pero con toda claridad, a la monarquía salida, repitámoslo, de la voluntad de Franco, así como a la transición planteada por Torcuato Fernández de la ley a la ley”, es decir, desde la legitimidad franquista. Otro hecho ante el que casi todos miran a otro lado.


Dicho lo anterior, nos encontramos, pasado 40 años desde la firma de la Constitución del 78, que los nuevos españoles, en su gran mayoría, rechazan la monarquía como sistema político en España, eso no es una percepción es una realidad.


Quizás no sea el momento para obligar a los políticos a reformar una carta magna que se nos antoja obsoleta, es posible que las ansias separatistas de catalanes y vascos, sean, inconscientemente, las culpables del retraso en la citada reforma, pero aunque sea más tarde de lo esperado, los jóvenes y menos jóvenes españoles desean un cambio radical en la forma de gobierno, en la composición de una nación que necesita de unos cimientos solidos y creados desde la perspectiva de una nación de naciones, de un Estado Federal como minino.


Imponer la Monarquía a los españoles parece que fue el último error de Franco, o uno de los errores más graves del dictador.

¿Para qué ha servido la Monarquía, ha quienes ha servido la Casa Real?


Ni siquiera el 23 de febrero fue una fecha para recordar con reconocimiento al Rey, todo lo contrario, cuando se ha manifestado, por activa y pasiva, que los reyes, tanto Juan Carlos como la reina Sofia, estaban al tanto del presunto “golpe de Estado del teniente coronel Tejero”, o sea, eran los promotores de una farsa que tuvo a millones de españoles al borde de otra guerra civil.


Nada tenemos que agradecer a Juan Carlos y su descendencia, nada debemos a una monarquía que siempre ha estado lejos de lo problemas de sus súbditos y que, hoy por hoy, sigue más alejada de los españoles. Felipe VI no ha cambiado nada, solo ha dado un pequeño retoque a la fachada, por dentro todo sigue igual o peor.


por Joaquín Hernández

Libre@Diario